Crisis de representación política y pérdida de identidad de los partidos políticos (Parte I)
La ideología, como conjunto de creencias y valores, fundamenta las decisiones políticas y las políticas públicas, marcando el rumbo de la democracia.

Es sabido, y también es reconocido, que la ideología ocupa un lugar preponderante en el ejercicio de la política y por consecuencia en el desarrollo -con sus avances y retrocesos, evolución e involución- de la democracia o la vida democrática de un país.
Y que, al indagar en la observación y el análisis de distintos estudiosos sobre el tema, la podríamos definir como "el conjunto de creencias, valores y principios que orientan y guían las decisiones y las acciones de los individuos y los grupos en el poder".
La ideología fundamenta, por ejemplo, las decisiones de un partido político en el ejercicio del poder; las políticas públicas del gobierno a su cargo y en consecuencia la presentación de los proyectos de ley por parte de ese Poder Ejecutivo, a los fines de gestionar la aprobación de la legislación con la que procurará regir y conducir el devenir de la nación, fundamentalmente si dispone de la mayoría parlamentaria para hacerlo.
O bien podría ser el sustento de la búsqueda del número correspondiente de legisladores que le hagan falta, en el marco de los tantas veces útiles y prácticos acuerdos parlamentarios con sectores políticos afines (por uno u otro motivo), en el caso de no poseer las mayorías necesarias. Y de igual modo está presente la ideología en la Constitución Nacional.
Nuestra Carta Magna regula la distribución del ejercicio del poder entre los tres poderes del Estado federal: Ejecutivo, Legislativo y Judicial; la relación entre las provincias y ese Estado federal; la competencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación y los derechos civiles de los ciudadanos y habitantes.
Así como también los recursos que se distribuyen mediante la Ley de Presupuesto (denominada "Ley de Leyes") y la Ley de Coparticipación Federal; recursos que deben llegar a la sociedad en calidad de servicios públicos: salud, educación, seguridad, transporte y demás.
La ideología puede servir para fundar los esquemas constitucionales (a través del constitucionalismo liberal, social y socialista), y presupuestarios, ya que los sectores políticos fundados en ideologías nacionales, republicanas y/o populares son aquellos de los que se espera que pongan en práctica políticas que procuren mejorar las políticas sociales, que garanticen la inclusión social.
Mientras que los sectores fundados en ideologías liberales se inclinan -por lo general- a aumentar el presupuesto de las Fuerzas de Seguridad, muchas veces para reforzar y potenciar el control social de los sectores postergados por las políticas de ajuste.
Ahora bien, vista en su ascendencia total, la ideología es también la que normaliza la relación entre el Estado y los ciudadanos, porque otorga previsibilidad a las políticas gubernamentales, difundidas por los partidos, alianzas o frentes políticos en sus plataformas de gobierno, donde plasman o deberían plasmar su oferta de campaña electoral, otorgando identidad a cada fracción partidaria.
Allí, los partidos/frentes políticos ofrecen una visión del país, que se vuelve objetiva justamente en la plataforma electoral que funda su programa de gobierno.
¿Por qué? Porque lo hacen con la lógica promesa de cumplirlo si llegan al Gobierno; por lo que, si esto último sucede, deberán recordar que tienen un contrato que cumplir con quienes los votan (porque se vota un programa a cumplir, más que a una persona en particular).
Mucho más que una "teoría de las ideas"
Por toda la explicación precedente, es muy interesante observar la definición dada por distintos intelectuales y pensadores sobre el concepto o noción de ideología, que en términos etimológico es ideo-logía, es decir teoría sobre la idea, reflexión sobre la idea o las ideas.
Y uno de los primeros filósofos en emplear el término idea fue Platón (en su obra "República"), en la Atenas de la Grecia clásica (siglo IV a.C.), por lo que la ideología vista como "teoría de las ideas" es una observación muy antigua, y perseverante en el tiempo.
Para un idealista absoluto como el alemán Friedrich Hegel, pensador del siglo XIX, "la ideología es la cosmovisión de un pueblo", por lo cual la idea antecede a la realidad material. Desde el socialismo, el materialista dialéctico Karl Marx responde que "la ideología es la conciencia falsa de la realidad social".
Y Friedrich Engels por su parte afirma que "es un proceso que se realiza por el pensador con conciencia, pero con una conciencia falsa", mientras que para Antonio Gramsci es "la concepción del mundo de una clase social" y para Louis Althusser "la relación imaginaria de los individuos con sus condiciones reales de existencia".
A su vez, desde la filosofía crítica francesa, es Michel Foucault quien alza la mano para considerar que la ideología "es un sistema de pensamiento que se impone a los individuos y les hace ver una realidad de una manera determinada". Mientras que desde el psicoanálisis, Sigmund Freud la define como "una forma de neurosis colectiva".
Hegel, Marx, Engels, Gramsci, Althuser, Foucault, Freud, son sumamente explícitas las declaraciones de este racimo de notables intelectuales, que analizan la relación entre la ideología y la realidad para visualizar lo complejo que puede ser brindar una definición porque, en definitiva y paradójicamente, la definición de ideología es ideológica.
Entendemos que hay que adaptarlas a la realidad y el tiempo en que la hicieron. Y entonces nos preguntamos: ¿Hay una sola ideología o existen ideologías? La que exponemos es la ideología de la democracia, la pluralidad y la libertad.
Cuando la ideología se convierte en sectaria y dogmática, para legitimar el poder de grupos de fanáticos, ya estamos hablando de regímenes autoritarios, dictaduras, tiranías o autocracias.
Estas últimas se dan en el extremo de la identificación absoluta y tienden a transformar al "otro" en un enemigo -o a eliminarlo cuando se convierten en dictaduras genocidas-, como una lógica de construcción de poder, dentro de un esquema dialéctico de confrontación.
O bien, la ideología puede operar como trasfondo de disolución de algún régimen comunitario y social, para suplantarlo por una radicalización del individualismo cultural propio del liberalismo privatista y del anarco-capitalismo por centro, así como del anarquismo por izquierda.
A favor y en contra
Para que no ocurran "desviaciones" como las descriptas anteriormente, es fundamental que la ideología se someta a la crítica y el debate, o bien a la evaluación constante, una condición que es muy difícil de sostener en gobiernos que prefieren el microclima de la política, las camarillas adictas y los aplaudidores de diversa estofa.
Esos gobiernos también emplean la pauta oficial para financiar la propaganda y acallar a la prensa libre, junto a la ocupación con funcionarios militantes oficialistas en los organismos de control, como ocurrió -por ejemplo- con Julio Nazareno en la Corte Suprema menemista y Laura Alonso en la Oficina Anticorrupción en tiempos de Mauricio Macri.
O bien empiezan a construir su propio "respaldo judicial", como hizo el kirchnerismo con el entonces juez federal Norberto Oyarbide. La clave está en equilibrar la pasión y la convicción ideológica y por supuesto el respeto hacia las ideas y creencias de los demás.
Si hay seres humanos que mantuvieron su ideología toda su vida hasta que los asesinaron fueron en la antigüedad Sócrates por aplicar un método catártico-mayéutico que conduce a la verdad en Atenas y en tiempos más recientes Mahatma Gandhi quién postuló la "desobediencia civil pacífica".
Estos dos son ejemplos inspiradores de cómo una ideología determinada puede y debe ser el motor para el cambio social y político. El compromiso con la verdad en el caso de Sócrates, y en el de Gandhi con la "no violencia" y la "resistencia pasiva", pilares ideológicos fundamentales para lograr la independencia de la India.
Ghandi vivió con su ejemplo esa experiencia, lo que la hizo más poderosa y atractiva para sus seguidores. Hubo muchos hombres y mujeres que toda su vida fueron coherentes con su ideología. Como Martin Luther King, Nelson Mandela, Aung San Suu King, Rigoberta Menchú, Abraham Lincoln, Barack Obama o Ángela Merkel.
Y en Argentina, por citar algunos ejemplos: Lisandro de la Torre, Arturo Umberto Illia, Raúl Alfonsín y el fiscal Ricardo Molinas, titular de la Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas entre 1984 y 1991.















