Ahora son 245.000 dólares para mejoras en una de sus propiedades. No pasa ni siquiera una semana sin que se conozcan nuevos hechos que incrementan el patrimonio del señor Manuel Adorni y por consiguiente crezcan sospechas sobre el origen de esos fondos.
Por encima de todo debe estar la salud de la República
Las crecientes sospechas sobre el patrimonio de Manuel Adorni y la inacción de Javier Milei ponen en jaque la credibilidad del gobierno ante la ciudadanía.

El presidente Javier Milei desde el principio debería haber exigido la transparencia ante la ley y la rendición de cuentas del nombrado, respetando así los protocolos que preservan la integridad de las instituciones.
Además, tendría que suspender a Adorni, o separarlo de su cargo hasta que la justicia investigue y defina la legalidad de su accionar. Abrir al mismo tiempo un sumario administrativo, para que los organismos de control del Estado auditen las áreas responsabilidad del actual jefe de gabinete desde diciembre de 2023, y mantener a la ciudadanía informada sobre la evolución de la investigación.
En resumen, a Milei le cabe demostrar que es esencial que la democracia tenga tolerancia cero con este tipo de situaciones, que ponen en duda a sus funcionarios. Pero es de dominio público que no se hizo nada de esto, por lo que le agrego a esta situación un tufillo de encubrimiento que perjudica a todo el gobierno, que debe rectificar ya su postura.
Se trata de un gobierno liderado por un presidente que en su momento fue el resultado de haber acumulado el voto y la esperanza de muchos argentinos, confiados de que después del "Bochorno K" volveríamos a respirar el aire puro de la honestidad en la gestión política. Y así poder preservar, por encima de todo, la salud de la República que es el primer paso de cualquier sociedad que desea confiar en el futuro.
Sin respeto político, no hay progreso
En cada ocasión que el presidente Milei insulta o amenaza al periodismo crítico, o simplemente al que lo contradice, me pregunto si la bronca que me provoca su desprecio es el precio que debo pagar para seguir creyendo que su gobierno es el cambio que necesitamos.
Me rehúso a aceptar una conducta que mantiene desde que asumió y pone en duda sus virtudes democráticas. Y que recrudeció con el caso Adorni, por el que ahora tenemos un presidente convertido en rehén de su amigo jefe de gabinete y olvida la transparencia que exige su investidura.
Cualquiera que no piense como él se convierte en su enemigo, una cualidad de autócratas que no podemos consentir, porque ya lo vivimos y sufrimos muchos años en este bendito país. Además, han pasado veintinueve meses y la economía sigue sin ofrecer resultados favorables para el desarrollo que necesita Argentina, a pesar del enorme sacrificio de la gente, sobre todo de los más necesitados.
Después del caos provocado por los K estamos viviendo un presente incierto en el que yo y creo que muchos necesitamos ver una reacción de toda la clase política. Es imprescindible que tanto el presidente como el resto de los políticos aprendan a escucharse. Porque hace ochenta años que no hay acuerdos básicos y lo hemos pagado con odio, violencia y una decadencia crónica verificables hasta hoy.
Nadie puede arrogarse el derecho de ignorar y mucho menos agredir al otro. El respeto en la política y de esta a la sociedad forma parte insustituible de la democracia.
Cuando votamos otorgamos a los dirigentes el altísimo honor de ser, como servidores públicos, los hacedores del bien común, pero obligados por las leyes de la Constitución que les exige trabajar en conjunto. Un honor que deberían reivindicar después de haberlo olvidado durante tantos años.












