Abrir los sentidos a la luz, tras las penumbras y la incertidumbre, respirar a voluntad, marcando cada ínfimo movimiento al inhalar y exhalar el aire, y notar un remolino cosquilleando en el interior profundo, una opresión suave y burbujeante, que podría anticipar una falla cardíaca o un estremecimiento de pasión. Espiando el mundo desde el borde del acolchado amarillo, me pregunto porqué hace tanto frío en la cordillera si todavía estamos en verano. Junto valor y salto de la cama. Estiro mi cuerpo. Levanto los brazos, arqueo la espalda y flexiono los músculos.




































