Se conmemora un nuevo día del Santo Patrono de la Caballería. Se recuerda la figura de San Jorge, el santo de la espada que enfrentó al dragón que acechaba a los suyos. Enaltecemos la imagen de aquel hombre que, obligado a negar su religión, se mantuvo fiel a sus valores y murió martirizado por no acatar lo ordenado por el poder de su tiempo. Alegorías que pueden parecer lejanas, si no se las pone a contraluz de la actualidad.
San Jorge y los dragones de hoy

Barrios y ciudades están tomadas o gobernadas de hecho por delincuentes. Sus poblaciones no rompen la barrera de una queja en un grupo de WhatsApp familiar o del barrio. La participación activa en una ONG o en un partido político es casi exclusiva de los enamorados de la política. La defensa de los intereses comunes, en los niveles más cercanos, perdió atractivo y también perdió coraje.
Mientras tanto, las redes sociales y diversos medios de comunicación están minados de desinformación y operaciones que buscan moldear comportamientos. En ese contexto, expresarse con honestidad y transparencia empieza a volverse un acto casi revolucionario. Buscar y contrastar fuentes demanda una energía que muchas veces choca con el exitismo y la inmediatez de época.
Hablar de soberanía y defensa suena anticuado, incluso incómodo. Pensar en cuidarnos como Nación parece fuera de agenda. Sin embargo, las guerras -reales, sangrientas y prolongadas- siguen ocurriendo en este mismo planeta, aunque a veces se consuman como una serie o hilo de twitter. Cada vez cuesta más distinguir entre la realidad y la narrativa.
El dragón no desapareció. Esto es sólo una muestra. Está más presente que nunca. Y, frente a eso, la situación es aún más compleja de lo que parece: ya no hay un caballero visible montado a caballo. Estamos nosotros.
Hoy el dragón adopta múltiples formas de opresión. Muchas veces incluso opera sin forma definida: se infiltra en lo cotidiano, se disfraza de resignación, se viste con relativismo moral, avanza sin resistencia y se vuelve parte del paisaje. Por eso, recordar a San Jorge no es un ejercicio de nostalgia, sino una interpelación en medio de nuestros quehaceres de todos los días.
Una sociedad que pierde la voluntad de defenderse pierde también la posibilidad de sobrevivir. El dragón sigue ahí. La clave está en si todavía estamos dispuestos a enfrentarlo con dignidad.
(*) Subteniente de Reserva del Arma de Caballería del Ejército Argentino.









