Hay un fenómeno de la política actual, en rigor un escollo, un problema y una enfermedad a la vez que una señal de los años que vienen. El fenómeno comporta un cambio estructural en la resolución de las comunicaciones, los mensajes, el diálogo creciente entre ciencias duras, comportamientos humanos y adaptabilidad a una naturaleza artificial, auténtico nudo que alteró y que es el futuro de las decisiones universales que aparecen a la vuelta de la esquina. Estos balbuceos primeros permiten un juego, una farsa, una pequeña broma sobre el porvenir parados en el 2022.


































