Bien merecida la distinción de "Poeta de la calle" para Celedonio Flores, quien con el tema "Pan" y música de Eduardo Pereyra agregó en 1932 un eslabón más a su amplia trayectoria. Se trata de un tango que duele, de aquellos que no piden permiso y que te mira hasta irritar los ojos. Es una puñalada social, ética y humana.
Entre la desesperación y la injusticia social
En un país donde la pobreza avanza, un tango revive la lucha de un hombre por el pan diario. La justicia, sin embargo, parece sorda ante su clamor desesperado. ¿Es realmente justo condenarlo? Un dilema que nos enfrenta a la cruda realidad social que persiste en nuestros días.

Es hambre con dos justicias bien marcadas, torcidas diría. Una con condena fácil para el débil y la otra absolutoria y cómoda para el poderoso y pudiente (como quien dice, acomodado). Es "Ayer" y es "Hoy" porque el tango no envejeció, la que envejeció fue la conciencia.
"Pan" no discute la ley, discute la justicia. No romantiza el delito, pero desnuda la hipocresía social que no recala que, cuando el hambre empuja y destruye, la moral es un lujo ajeno. El protagonista no es un ladrón profesional ni un marginal por elección; es un padre digno, pero desesperanzado, acorralado y empujado al límite de la miseria.
Y este es un relato que refleja las penurias que lo llevaron a enfrentarse con la necesidad extrema de delinquir, pero para llevar al seno familiar algo tan elemental como el pan.
Atájese esta señor juez: ¿es un delito robar pan cuando el sistema roba el futuro? ¿Para pensar, no? Si quiere la seguimos, café por medio, pero los cierto es que la situación del protagonista es irreversible y sin alternativas posibles. La sentencia no admite dudas:
"El sabe que tiene para rato largo/ la sentencia en fija lo va a hacer sonar/ así entre cabrero, sumiso y amargo/ la luz de la aurora lo va a visitar"
La falta de expectativas de defensa y la contundencia judicial decretada está indicando que la esperanza de la libertad está lejos. Aparecen la bronca, la resignación y la amargura. Y cómo no van a emerger si fue juzgado antes de hablar, con inusitada rapidez. Como es costumbre en la justicia, "aplicar rápido la precisa" si se trata de un débil sin defensa.
"Quisiera que alguno pudiera escucharlo/ en esa elocuencia que las penas dan/ y ver si es humano querer condenarlo/ por haber robado un cacho de pan"
El protagonista ruega ser escuchado. Lo hace suplicando con dolor y surge la pregunta obligada: ¿es humano condenarlo por robar pan? Una pregunta que no se hace desde la órbita legal, sino desde el punto de vista humano:
"Sus hijos no lloran por llorar/ ni piden masitas/ ni chicles, ni dulces, señor/ sus hijos no mueren de frío/ y lloran hambrientos de pan"
La condena heredada deja al descubierto la pobreza, el frío y el llanto, a lo que se agrega una necesidad literal y física, definitivamente urgente: "¡Queremos pan!" "No hemos tenido infancia y estamos transitando la supervivencia, pero queremos pan". Pan. Un pedido tan desesperado como necesario, ante una imposibilidad que duele:
"La abuela se queja de dolor/ doliente reproche que ofende a su hombría/ también su mujer escuálida y flaca, en una mirada/ toda la tragedia le ha dado a entender"
La humillación es total. La miseria hace lo suyo: los hijos hambrientos, la abuela enferma y su mujer "escuálida y flaca". Sin palabras. La tragedia se vive en la casa y el protector se siente herido en su hombría y en su dignidad. Entonces surge el grito urgente y desesperado de auxilio por la situación de vulnerabilidad y de justicia ante la condena:
"¿Trabajar? ¿Dónde extender la mano?/ Pidiendo al que pasa limosna... ¿por qué?/ Recibir la afrenta de un 'perdone hermano'/ el que es fuerte y tiene valor y altivez"
Y era de esperar que todo desembocara en un callejón sin salida. No hay trabajo, pedir limosna es aceptar la derrota moral, algunos de corazón tierno contribuye, pero el "perdone hermano" se escucha la mayoría de las veces y es una verdadera bofetada final… aparece la caridad en forma de desprecio.
El personaje está condenado definitivamente a la pobreza, a pesar de su altivez. Se terminaron las opciones honorables y se acerca al límite moral:
"Se durmieron todos, cachó la barreta/ si Jesús no ayuda que ayude satán/ Un vidrio, unos gritos, carreras, auxilio/ un hombre que llora y un cacho de pan"
Y llegamos a lo irreparable. Cuando el hambre hace estragos y la desesperación supera el límite jamás conocido, no existe forma de frenar la ceguera de un hombre que pugnó por lograr sustento lógico a su familia. Sin fe, vacío, implora a Jesús y no le queda otra que recurrir a Satán. Robó, sí, claro que robó, pero robar no es épico, no es torpe ni ruidoso... es un ensordecedor grito de desesperación.
La barreta fue el fiel testigo de la tragedia. El final de un hombre abatido y llorando por un pedazo de pan. El tango "Pan" acusa sin señalar con el dedo y nos obliga a preguntarnos sabiendo de antemano que no hay respuestas. Pero... ¿por qué la justicia es implacable con el hambre y flexible con la violencia, los saqueos, los apoderamientos de los poderosos y los apruetes desmedidos?
Condenar al que roba pan es fácil; condenar al sistema que fabrica hambre y pobres, no. Este tango no justifica el delito, condena la indiferencia y nos deja una verdad incómoda. Musicalmente, este tango conmovedor por donde se lo mire, se enmarca dentro del género tanguero que expresa emociones profundas y melancólicas.
Trasmite dolor y desesperación del personaje. Es el reflejo de las realidades sociales de aquel tiempo que sigue siendo relevante en la actualidad, donde la desigualdad y la pobreza siguen siendo problemas críticos que nadie logra dominar, apaciguar y encarrilarlo por los senderos que correspondan.
Hasta la próxima. Nos vemos.
Preso por robar comida (*)
Un hombre de Trelew fue detenido el jueves por intentar robar un pedazo de carne en un supermercado de la zona. "Me da vergüenza, ¿qué quiere que le diga? Hice lo que hice porque tenía hambre. Fíjese cómo está el país", explicó luego ante la justicia, que finalmente resolvió no iniciarle una causa y proponer, en cambio, una salida alternativa, como el pago del producto o tareas comunitarias.
El hecho tuvo lugar el pasado 11 de abril a las 14.50, cuando personal de seguridad de un supermercado del barrio de Don Bosco, en Trelew, advirtió por las cámaras de seguridad que un hombre intentaba robar una bandeja de carne de las heladeras, cuyo valor era de $ 6.203. Cuando el jornalero pasó la línea de cajas, la Policía lo detuvo por tentativa de hurto.
Cuatro horas después, según informó el diario chubutense Jornada, el hombre se sentó frente a la jueza María Tolomei, en la audiencia de control de detención. "Me da vergüenza, ¿qué quiere que le diga? Hice lo que hice porque tenía hambre. Fíjese cómo está el país", explicó.
"No tengo trabajo; si hubiese tenido para comprar no iba a hacer lo que hice. Es lo único que le puedo decir", agregó el jornalero, con la voz quebrada. Y siguió, mirando a la jueza, a la funcionaria fiscal, al defensor público y al policía de custodia:
"Ustedes tienen trabajo. Yo si no tengo trabajo un día, dos días, ¿qué hago? Si hubiese tenido, hubiese comprado la carne. ¿Cuánto valía ese pedazo? Cuanto mucho me comprometo, voy y la pago".
Finalmente, la Fiscalía no abrió ninguna investigación y propuso una salida alternativa. (...) El jornalero será citado para resolver el delito. Todavía no fue definido, pero entre las posibilidades se evalúa pedirle que pague el valor de la bandeja de carne o la realización de tareas comunitarias.
(*) Fragmento de "Un fenómeno extendido", nota publicada por Pagina 12 el 16 de abril de 2024.











