El fútbol ha sido, históricamente, un receptáculo interminable de mitos urbanos y leyendas que en muchos casos resultan incomprobables y que, en otros, se dan por hecho solamente porque se va “corriendo la bolilla” de boca en boca y todos se creen lo que salió de alguna mente “iluminada” y dispuesta a tergiversar la realidad.
La historia de aquella Libertadores que algún trastornado creyó que Unión no la quería jugar
Después de perder la final con River, Unión debió definir con Vélez para ver quién acompañaba al “Millonario” a la Libertadores de 1980. Ese equipo llegó desgastado a jugar esos dos partidos y Vélez sacó ventaja en el segundo, mucho más descansado.

Unión estuvo muy cerca de jugar la Copa Libertadores en 1980. Y no lo concretó porque, justamente, perdió ese derecho ante Vélez (el rival que tendrá este lunes) en dos finales que se jugaron después de la Navidad de 1979 y antes del cierre de ese año, que fue uno de los mejores (o el mejor) de la historia de Unión en Primera División, al menos hasta este momento.
Veamos: River fue el dueño de la temporada, logrando el bicampeonato. Primero se hizo dueño del Metropolitano (Vélez fue segundo) y luego del Nacional, cuando venció en la final a Unión. En realidad, River no le ganó ninguno de los dos partidos a Unión. El primero fue empate en el 15 de Abril (1 a 1 con goles de Carlos Mazzoni y el Beto Alonso) y el otro también fue empate en el Monumental (0 a 0). Y River fue campeón por la ridícula reglamentación, que el fútbol sostuvo demasiado tiempo, que daba cuenta que el gol de visitante “valía doble”.
Hace unos días, en la previa del partido de Argentina con Zambia, El Litoral se encontró en la cancha de Boca con el Pato Fillol. Y cuando le dijimos que éramos de Santa Fe, enseguida se acordó del Loco Stelhick: “¡El del mano a mano!”, exclamó el Pato. Inolvidable para el Loco, inolvidable para Unión y también inolvidable, por lo visto, para un arquero que fue el mejor en su momento y campeón del mundo. Fue por aquella jugada excepcional del Loco Stelhick, dejando dos jugadores de River en el camino y definiendo ante la salida de un Fillol excepcional y en su mejor momento, que tapó el remate y aseguró el título para River.
Unión había jugado 20 partidos en tres meses en ese Nacional. Y era un equipo extremadamente corto. Pumpido; Hugo López, Mazzoni, Cárdenas, Regenhardt; Alberto, Telch, Pitarch y Ribeca; Paz y Alí eran los habitualmente titulares, a quiénes se sumaba Víctor Hugo Arroyo, un muy joven Eduardo Sánchez, Stelhick, Bertolé y algún que otro jugador que se esté escapando a la memoria. Y punto. Además, jugando miércoles y domingo durante buena parte del torneo, sobre todo en la fase final cuando Unión dejó en el camino a un brillante Talleres de Córdoba (con varios campeones del mundo en sus filas) y a Atlético Tucumán, antes de jugar contra River.
Precisamente, cuando Unión volvía de aquel viaje a Tucumán para jugar la semifinal de ida, el micro se rompió. Llovía y hubo que regresar a Santa Fe de cualquier manera. Fue un viaje accidentado y nadie se quejó. Al contrario, ese plantel tenía un enorme sentido de pertenencia y con varios jugadores surgidos de las inferiores (Pumpido, Hugo López, Mazzoni, Regenhardt, Eduardo Sánchez, Stelhick) y otros tremendamente identificados con el club (Mario Alberto, que llegó siendo un juvenil, el Chango Cárdenas, Pomelo Ribeca, el Turco Alí, el Flaco Pitarch y la Oveja Telch, que había llegado tres años antes a Unión después de su trascendente carrera en San Lorenzo).
Unión llegó a esos partidos con los "saldos y retazos"
Unión llegó desgastado a esos dos partidos con Vélez (0 a 0 en la avenida y 0-3 el 30 de diciembre de ese 1979 en Vélez). Y Vélez más descansado porque dejó de jugar el 9 de diciembre cuando perdió en cuartos de final ante River (por penales, ya que ambos habían ganado 1 a 0 de local los dos partidos). Entonces, tuvieron 17 días de descanso y preparación para jugar esa final por ingresar a la Libertadores. Y Unión, en ese trayecto, debió disputar cuatro partidos más con toda la carga que significó el hecho de disputar, por primera y única vez, una final para ser campeón.

La particularidad es que a Unión lo dirigía el Gringo Volken, que un par de años después fue contratado por Vélez. Y a Vélez, una trilogía integrada por Cielinski, Montaño y Bermúdez, tres apellidos con historia en el club de Liniers. Y Cielinski, algunos años antes, fue el entrenador de Unión en aquel regreso del club a militar en los torneos de Afa en 1973 luego de la desafiliación y en donde mucho tuvo que ver el doctor Súper Manuel Corral, presidente de Unión en ese retorno y también presidente en la final de 1979.
Otra particularidad es que alguien que fue muy importante diez años después en Unión, como el “Pepe” Castro, resultó ser uno de los “verdugos” en la derrota en el Amalfitani, ya que marcó uno de los goles de Vélez (los otros fueron convertidos por Carlos Ischia y Omar Roldán). Teodoro Nitti fue el árbitro del encuentro y el resultado final no dejó ningún margen de duda, más allá del 0 a 0 del partido de ida. “Llegamos muertos a ese partido, con un desgaste tremendo”, repite Nery Pumpido, el arquero de aquel equipo que fue, sin dudas, uno de los mejores y más recordados en la historia de Unión.
Mucho se dijo de aquel partido. Es cierto que jugar la Copa Libertadores no implicaba, como ahora, un rápido y suculento embolso de divisas ni tampoco existían los premios que hoy la enaltecen y la tornan tremendamente apetecible. Pero representar al país (iban solamente dos equipos) era un orgullo para cualquier club, daba roce, cotizaba a los jugadores y permitía afrontar una competencia exigente y muy competitiva. Era crecer. Y se dijeron muchas mentiras, como que Unión la había resignado porque no convenía o porque no le interesaba. Algo totalmente alejado de la realidad, máxime en un plantel que había llegado muy alto y que tenía un enorme grado de pertenencia con la institución.










