En tanto, la Corte quedó una y otra vez en el ojo de la tormenta (y, como consecuencia directa, en la mira del oficialismo). Primero cuando confirmó a los jueces Bruglia, Bertuzzi y Castelli en los cargos a los que los había trasladado el gobierno de Mauricio Macri, lo que les permitió entender en causas que involucran a Cristina Kirchner, y de donde el gobierno buscó desplazarlos. La ratificación fue con carácter transitorio, hasta que se designe nuevos jueces por concurso para esos tribunales, pero en la medida en que no se ajustó a las pretensiones del oficialismo, fue considerada una ofensa que demanda retribución.