La hipofosfatasia es una enfermedad genética poco frecuente que altera la formación y el mantenimiento de los huesos y los dientes. Sus manifestaciones pueden variar considerablemente: mientras algunas personas presentan complicaciones desde los primeros meses de vida, otras desarrollan síntomas más leves durante la adultez.
Hipofosfatasia: cuáles son los síntomas de esta enfermedad poco frecuente y por qué es difícil diagnosticarla
Es una enfermedad genética que afecta la mineralización de los huesos y los dientes. Puede manifestarse desde la infancia o aparecer en la adultez, con señales que suelen confundirse con otras patologías. En Argentina no hay datos poblacionales consolidados sobre su prevalencia.

Esa diversidad es uno de los principales obstáculos para reconocerla y llegar a un diagnóstico oportuno.
Cada 30 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Hipofosfatasia (HPP), una fecha que busca aumentar el conocimiento sobre esta condición y promover la detección temprana. La enfermedad está asociada a variantes en el gen ALPL, que reducen la actividad de una enzima denominada fosfatasa alcalina no específica de tejido, fundamental para la mineralización ósea y dental.
Entre las señales que pueden aparecer se encuentran las fracturas recurrentes o que tardan en consolidarse, el dolor persistente en los huesos, la debilidad muscular, el cansancio, las dificultades para caminar y la pérdida prematura de piezas dentales. Sin embargo, no todas las personas presentan los mismos síntomas ni con la misma intensidad.

Qué síntomas pueden alertar sobre la hipofosfatasia
En la infancia, una de las manifestaciones que puede orientar la sospecha es la pérdida de dientes de leche antes de los cinco años, especialmente cuando las piezas se desprenden con la raíz intacta. También pueden presentarse signos de raquitismo, niveles bajos de fosfatasa alcalina, hipercalcemia y nefrocalcinosis, una alteración vinculada con depósitos de calcio en los riñones.
En otros casos, la enfermedad puede expresarse mediante problemas en el desarrollo y la mineralización del esqueleto. Las fracturas, el dolor óseo y las dificultades de movilidad también forman parte del espectro de manifestaciones posibles.
En las personas adultas, las señales pueden ser menos específicas. El dolor musculoesquelético, la debilidad, la fatiga, las fracturas recurrentes y los problemas dentales pueden atribuirse inicialmente a otras condiciones. Por eso, la enfermedad puede permanecer sin identificar durante un tiempo prolongado.

La hipofosfatasia se relaciona con alteraciones en el gen ALPL, que afectan la producción o actividad de una enzima necesaria para el proceso de mineralización. La gravedad depende, entre otros factores, de las variantes genéticas involucradas y de la edad en la que comienzan los síntomas. Existen formas graves de aparición temprana y otras de evolución más leve.
Las estimaciones internacionales citadas por la Agencia Noticias Argentinas ubican la incidencia de las formas graves entre uno cada 100.000 y uno cada 300.000 nacidos vivos. Las presentaciones moderadas o leves podrían ser considerablemente más frecuentes en algunas poblaciones europeas.
Sin embargo, en América Latina y en Argentina no existen estimaciones poblacionales consolidadas y de acceso público que permitan conocer con precisión cuántas personas viven con esta enfermedad.
El diagnóstico en Argentina: una señal clave en los análisis de sangre
Uno de los principales indicadores que puede orientar la investigación es la presencia de valores persistentemente bajos de fosfatasa alcalina en los análisis de sangre. Se trata de un dato que, según los especialistas, no siempre recibe la misma atención que los resultados elevados de esta enzima.
La endocrinóloga infantil Kelly Maury Fuentes, especialista en metabolismo fosfocálcico del Hospital General de Niños Pedro de Elizalde, explicó que reconocer esta señal puede acortar el recorrido hasta el diagnóstico. También remarcó la importancia de que los equipos de salud trabajen de manera coordinada para identificar las distintas manifestaciones de la enfermedad.
De todos modos, un valor bajo de fosfatasa alcalina no confirma por sí solo la hipofosfatasia. Debe analizarse con rangos de referencia adecuados para la edad y el sexo, junto con los antecedentes clínicos, otras determinaciones de laboratorio y, cuando corresponde, estudios genéticos.

El proceso de evaluación puede involucrar a profesionales de pediatría, clínica médica, endocrinología, traumatología, reumatología, odontología, genética y rehabilitación. La falta de circuitos de derivación claros puede generar consultas sucesivas y estudios que no siempre permiten identificar la causa de fondo.
Otro aspecto relevante es evitar diagnósticos equivocados. Desde la información difundida por especialistas se advierte que una persona con hipofosfatasia que recibe un diagnóstico de osteoporosis y es tratada con bifosfonatos podría experimentar un agravamiento de su cuadro.
Por eso, ante síntomas compatibles y valores persistentemente bajos de fosfatasa alcalina, es importante descartar esta enfermedad antes de indicar determinados tratamientos.
En Argentina, la Ley 26.689 establece un marco para la atención de las enfermedades poco frecuentes. La norma considera dentro de esta categoría a aquellas cuya prevalencia es igual o inferior a una persona cada 2.000 y plantea como prioridades la detección temprana, el diagnóstico, el tratamiento, la generación de información epidemiológica y la articulación de centros de referencia.
En ese contexto, la Fundación Enhué trabaja en la difusión de la hipofosfatasia y en el acompañamiento de pacientes y familias. La organización impulsó una jornada dedicada a la enfermedad y desarrolla instancias de capacitación para profesionales de la salud, además de un portal con información y recursos para personas que conviven con enfermedades poco frecuentes.
La visibilización de la HPP apunta, así, a mejorar el reconocimiento de sus señales y facilitar el acceso a una evaluación adecuada. La identificación temprana permite orientar el abordaje y evitar que sus manifestaciones sean tratadas de manera aislada, sin considerar la posible causa genética que las origina.








