Durante décadas, la voluminosa melena platinada de Susana Giménez se consolidó como una marca registrada del espectáculo argentino y, al mismo tiempo, en el centro de infinidad de rumores.
El mito detrás de la melena platinada de Susana Giménez: confirman que usaban cabello de personas con albinismo
Miguel Romano y su hija Paola rompieron el silencio sobre la procedencia del icónico pelo de la diva argentina, un secreto a voces que volvió a la agenda pública a partir de una escena televisiva.

La versión que circulaba en los pasillos de la televisión sugería que el secreto detrás de esa tonalidad perfecta radicaba en el uso de extensiones confeccionadas con cabello natural de personas con albinismo. Tras permanecer en el terreno de las leyendas urbanas, el histórico estilista de la conductora, Miguel Romano, terminó por confirmar la veracidad del mito en las últimas horas.

En una entrevista otorgada al programa La mañana con Moria (eltrece), el célebre peinador reconoció de forma explícita que utilizaba ese tipo de cabello para lograr el volumen y el color característicos de la diva. La conversación cobró notoriedad luego de que una serie biográfica dedicada a Moria Casán retratara una escena ambientada en la peluquería del estilista donde se aludía directamente a esta particular transacción comercial.

Un mercado exclusivo y de "fortuna"
Durante el intercambio televisivo —conducido de manera temporal por Fátima Florez—, fue Paola Romano, hija del coiffeur, quien aportó los detalles de mayor precisión operativa sobre el reclutamiento y la compra del insumo capilar. 'Las albinas venían solas porque se les pagaba diez veces más el pelo', contó en diálogo con el envío televisivo, al tiempo que remarcó la exclusividad de esas transacciones.
La hija del peluquero detalló que la demanda creció al punto de recibir no solo a mujeres, sino también a hombres interesados en comercializar su mechón platinado natural. 'Estaba asombrada de la cantidad de albinos que venían todas las semanas solamente para venderle pelo a Susana Giménez', sostuvo al aire, asegurando además que 'pagábamos fortuna por ese pelo para Susana'.
A su vez, Paola Romano dejó en claro que las personas que acudían al atelier conocían de antemano cuál sería el destino final de su melena. 'Ya lo sabían porque el runrún corría, entonces venían a venderlo especialmente y nos cobraban bastante, no es que nos regalaban el pelo', precisó sobre la dinámica comercial que mantenía la peluquería.

Los requisitos técnicos detrás de las extensiones
Por su parte, Miguel Romano aportó la mirada técnica sobre el prolongado proceso que demandaba la obtención de esa materia prima. El estilista explicó que, debido al tiempo que requiere el crecimiento del cabello —'tiene que estar tres años', señaló—, el material adquirido no se aplicaba de manera pura, sino que se mezclaba estratégicamente con otras hebras para aportar densidad a la peinada.

Entre las condiciones impuestas por el taller del peluquero, la longitud resultaba ser un factor determinante para concretar la compra. El cabello debía superar los 50 centímetros de largo, extensión indispensable para que Romano pudiera trabajarlo, cortarlo y adaptarlo de manera armoniosa a las necesidades estéticas de la diva de los teléfonos.
El testimonio de la familia Romano le pone fin a uno de los enigmas más comentados del espectáculo nacional. Con el mito transformado en certeza, queda al descubierto el complejo e insólito engranaje estético que alimentó, durante años de televisión en vivo y reflectores, la imagen inconfundible de Susana Giménez.







