En la mañana del lunes, a pocos metros de la escuela Visión de Futuro, ubicada en Pasaje Leiva al 3800, una mujer fue asaltada cuando llegaba con su pequeña hija. El episodio derivó en una persecución policial que minutos más tarde terminaría con dos patrulleros chocando violentamente en barrio Barranquitas Sur.
Asalto, amenazas y corridas frente a un jardín de infantes en barrio Barranquitas Sur
El robo a una madre y su pequeña hija en inmediaciones de la escuela Visión de Futuro generó una persecución que terminó con dos patrulleros chocando. Un padre que fue testigo del hecho intentó detener a uno de los delincuentes y terminó siendo apuntado con un arma a la cabeza. Otro contó que debió cerrar las puertas del automóvil para proteger a su familia.

Pero detrás de la persecución y del despliegue policial quedó otra historia: la de los padres que estaban allí, esperando que llegara el horario de ingreso de sus hijos, y que de pronto se encontraron frente a una situación que jamás imaginaron vivir.
Dos de ellos aceptaron contar lo ocurrido, aunque pidieron preservar sus identidades. Ambos coincidieron en una preocupación concreta: durante determinados momentos del día, numerosas familias permanecen en la calle esperando que sus hijos entren o salgan de la institución.

Uno de los padres estaba dentro de su automóvil, aguardando el momento de ingreso de uno de sus hijos, cuando escuchó los gritos. “Yo pensaba que era un perro que estaba atacando a una señora por los gritos que se escuchaban”, relató.
Se bajó rápidamente del vehículo. Por su experiencia como personal policial, intentó intervenir. Vio entonces a uno de los delincuentes corriendo por la vereda.
"Me apuntó a la cabeza"
“Lo quiero taclear”, explicó. No llegó a hacerlo. El hombre que escapaba llevaba un arma en la mano y, cuando advirtió la presencia del padre, se detuvo apenas un instante para apuntarle. “Me apuntó a la cabeza. Lo único que atiné fue cubrirme la cabeza y quedarme parado”, contó.
El delincuente siguió corriendo y se internó en uno de los pasillos del barrio. La escena había comenzado unos metros antes, cuando la madre de una niña fue abordada por los delincuentes. Según los testimonios recogidos, el asalto fue violento y la mujer terminó en el piso. La pequeña, de unos cuatro años, quedó aterrorizada.

“Por lo que yo vi estaban bien, pero obviamente estaban asustados y la nena estaba muy asustada”, explicó el primer testigo.
Para las familias que concurren diariamente al establecimiento, el episodio no quedó reducido a un hecho policial ocurrido una mañana cualquiera.
Padres y niños expuestos
Uno de los padres explicó que existe un intervalo de alrededor de 45 minutos entre distintos horarios de ingreso y egreso, durante el cual muchas familias deben permanecer en las inmediaciones. “Hay madres que están con los nenes esperando también en la misma situación y ellos no tienen auto y se quedan acá afuera”, señaló.
El otro padre contó que durante ese lapso él también se encontraba en su vehículo junto a su mujer y su hija. Cuando advirtió lo que estaba sucediendo, su primera reacción fue cerrar las puertas y levantar los vidrios. “Yo lo único que atiné fue en ese momento a cerrar, a trabar la puerta porque estaba con mi mujer y mi nena”, relató.
La escena, además, dejó una imagen difícil de olvidar para quienes estaban allí: un hombre corriendo con un arma mientras intentaba escapar.
Uno de los padres recordó que incluso una madre de la comunidad educativa, que es policía y se encontraba uniformada, habría sido apuntada por el sospechoso cuando salió de su automóvil sin saber inicialmente qué estaba ocurriendo.
“Si ella reaccionaba, tenía miedo de que le dispararan, porque estaba con la criatura”, contó.
Pasillos para fugar
La preocupación se extiende también a los pasillos que atraviesan el sector. Los padres describen un entramado de calles y pasajes que, según dicen, facilita la fuga de quienes cometen delitos.
“Vos tenés acá una cuadra, todos pasajes que se escabullen y es zona liberada a veces en algunos momentos”, sostuvo uno de ellos.
También mencionaron episodios anteriores relacionados con la venta de drogas y la existencia de lugares utilizados presuntamente para esa actividad. Hablaron de personas que suelen merodear el sector y de la dificultad que encuentran las fuerzas de seguridad para controlar permanentemente esos movimientos.

La presencia policial existe, reconocieron. Pero, según su percepción, no siempre alcanza. “Pasan, pero es como que ellos están a la expectativa viendo a ver si pasa un móvil. No pasa el móvil y se meten ahí”, describió uno de los padres.
La mañana terminó con la persecución extendiéndose por el barrio y con un fuerte choque entre un móvil del Comando Radioeléctrico y otro de la Patrulla de Acción Táctica. Dos efectivos debieron ser trasladados al Hospital Cullen.
Preocupación instalada
Para las familias, sin embargo, la preocupación quedó instalada mucho antes de ese impacto. Uno de los padres aseguró que ya tomó contacto con representantes de la institución para plantear formalmente la necesidad de modificar las condiciones en las que esperan las familias.
La propuesta es sencilla: contar con un espacio cerrado durante esos períodos de tiempo para que los chicos y sus padres no deban permanecer expuestos en la vía pública.

“En esos lapsos de 45 minutos del ingreso y el egreso no se puede esperar afuera. Es imposible. O cierran un hall y se permite el ingreso porque quedamos resguardados”, planteó.
El pedido apunta también a reforzar la presencia policial en el lugar. “Sería lo ideal que la institución tenga un patrullero acá en la esquina”, resumió uno de los padres.
Mientras la investigación avanza para determinar quiénes fueron los responsables del asalto y localizar a los sospechosos que escaparon, las familias deberán volver a encontrarse con la misma esquina, los mismos pasillos y los mismos horarios de entrada y salida.
Pero algo cambió. Desde ahora, para algunos de esos padres, cada hombre que corre, cada moto que pasa y cada ruido inesperado tendrá otro significado. Y para quienes llevan a sus hijos de la mano hasta la puerta del jardín, la frase que uno de ellos debió decirle a su pequeña después de semejante escena resulta quizá el resumen más crudo de lo ocurrido:
“Si alguna vez te digo ‘corré’, tenés que correr”, sentenció.








