El día anterior la testigo se había encontrado con el imputado, a quien conocía porque solía estudiar en el establecimiento, y mantuvieron una conversación en la que ella le aconsejó “portate bien así no volvés más” a la cárcel, donde había cumplido condena. La mujer volvería a pensar en Cano recién 24 horas después, cuando escuchó que señalaban a “Chacho”, su apodo, como el atacante de Vanesa. “Se me murió prácticamente en las manos”, recordó, a la par que alababa el trabajo de “la seño”, que era una gran persona y compañera y a quien “muchas veces la he visto sentada en el banco abrazada a una alumna, charlando con ella”.