Desde largo rato antes, pequeños grupitos de policías caminaban por la manzana donde se emplaza la sede de Gobierno, otros fueron estacionando sus motos sobre calle Moreno, entre Santa Fe y San Lorenzo; mientras en la vereda de la plaza, de a poco iban llegando hombres, mujeres y niños, algunos con reposeras, y otros con el mate. Varios de ellos tenían remeras en las que se podía leer la palabra «justicia», arriba de la foto de un ser querido, vecino o conocido, que había sido víctima de esta demencial ola de inseguridad que tiene a Rosario en el centro de la escena.