"Estamos trabajando para los rateros". La frase, pronunciada con bronca y resignación resume el estado de ánimo de una familia que tiene un kiosco-almacén en la esquina de Quiloazas y Madreselva, en Colastiné Norte. En menos de cinco días, el comercio fue blanco de dos robos.
Dos robos en cinco días: la pesadilla de una familia que tiene un almacén en Colastiné Norte
Un kiosco-almacén ubicado en la esquina de Quiloazas y Madreselva fue asaltado dos veces en menos de una semana. Los delincuentes ingresaron por un ventiluz que da a un patio, forzaron las rejas y provocaron destrozos. En el segundo episodio incluso prepararon una bolsa con mercadería para llevarse, pero aparentemente algo interrumpió sus planes.

El primero de los hechos ocurrió el jueves 13 de agosto. El segundo, durante la madrugada de este martes. Entre uno y otro hecho, los propietarios ni siquiera alcanzaron a reponer toda la mercadería que les habían llevado.

El ingreso volvió a producirse por el mismo lugar: un ventiluz que comunica con el patio de la propiedad lindera. Los delincuentes forzaron las rejas, rompieron parte de la abertura y consiguieron entrar al local.
Esta vez, sin embargo, debieron sortear algunos obstáculos adicionales. La familia había intentado reforzar el lugar después del primer robo. Anoche, antes de retirarse, habían colocado una panera de gran peso y una heladera para bloquear el ventiluz.

No alcanzó. "Cómo de afuera corrieron eso para poder ingresar por ahí", contó la madre de la víctima durante una entrevista con El Litoral, todavía sorprendida por la facilidad con la que los delincuentes volvieron a vulnerar el mismo acceso.
Logística para trepar el tapial
El relato de la mujer permite reconstruir parte de la maniobra. Para llegar hasta el ventiluz, los ladrones debieron atravesar un pequeño patio de tierra. Como había lloviznado y el terreno estaba embarrado, utilizaron cartones y dieron vuelta algunos canastos de bebidas para improvisar una especie de escalera y poder trepar el tapial.

"Se tomaron todo, hicieron toda la logística", resumió. Una vez dentro, volvieron a revisar el almacén. En el primer robo habían cargado cigarrillos, bebidas, golosinas y distintos productos que estaban destinados a la venta. También se habían llevado una cuchilla utilizada para preparar milanesas.
Pero en el segundo episodio aparentemente pretendían llevarse mucho más.
Los delincuentes llegaron a abrir la puerta trasera del comercio. Según explicó la propietaria, se trata de una puerta de chapa con tres pasadores, por lo que desde el exterior resulta muy difícil ingresar por ese sector. La hipótesis es que la utilizaron para sacar hacia afuera los elementos que habían logrado reunir.

De hecho, dejaron preparada una bolsa con mercadería sobre el tapial. Algo, sin embargo, habría interrumpido sus planes.
"Seguramente han escuchado algún ruido, algo", especuló. Entre los elementos que no alcanzaron a sacar quedaron una cortadora de fiambre y una pava eléctrica que estaban dentro de una caja.
El cansancio de una familia
El segundo robo llegó cuando todavía no se había podido recuperar el golpe económico del primero. "No alcanzamos a reponer las cosas que se llevaron y esta mañana se ve que volvieron a ingresar", contó la mujer.

La situación provocó también un profundo temor por la seguridad de quienes trabajan en el lugar. Remarcó que, por fortuna, los robos ocurrieron durante la noche y su hija no se encontraba sola en el interior del comercio.
"Yo doy gracias a Dios que lo han hecho de noche y no cuando está mi hija sola", expresó.
"Pensando en cerrar"
Después de dos episodios en apenas cinco días, la continuidad del emprendimiento comenzó a ser una incógnita. "Ahora ya cerraría. Cerraría porque estamos trabajando para los rateros", dijo la comerciante, poniendo en palabras una sensación que excede el perjuicio económico y alcanza directamente al ánimo de quienes intentan sostener un pequeño comercio familiar.
La mujer también aseguró que había realizado presentaciones vinculadas con los problemas de seguridad de la zona, donde además existen reclamos relacionados con cuestiones hídricas y de infraestructura.

Tras descubrir el segundo robo, llamó a la Central 911. Según relató, inicialmente intentó comunicarse con un número policial de Colastiné Norte que tenía registrado, pero la línea ya no funcionaba. Finalmente recurrió al 911 y, según contó, la respuesta policial se produjo unos 30 minutos después.
Ahora, además de reponer mercadería y reparar los daños, la familia deberá pensar cómo continuar. El almacén de barrio, que debería ser un lugar de trabajo y sustento, quedó convertido en el escenario de una pesadilla que se repitió dos veces en menos de una semana.
Y detrás de las pérdidas materiales quedó una pregunta que la propia comerciante no logra responder: cuánto tiempo más podrán trabajar con la sensación de que, en cualquier momento, alguien puede volver a entrar.








