La salud mental materna continúa siendo un tema poco abordado, muchas veces relegado detrás de las demandas del cuidado del recién nacido. Sin embargo, especialistas advierten que el embarazo y el posparto constituyen etapas de alta vulnerabilidad psíquica, atravesadas por cambios profundos que no siempre encuentran espacio para ser expresados ni acompañados.
Maternidad y salud mental: por qué sentirte desbordada es más común de lo que creés
Más del 60% de las madres no expresa lo que siente por miedo al juicio social. La idealización de la maternidad, la falta de redes de apoyo y la autoexigencia impactan de lleno en el bienestar emocional durante el embarazo y el posparto.

“La maternidad sigue rodeada de una idea muy instalada: que viene dada por naturaleza y que debería ser una experiencia naturalmente feliz”, explicó la médica psiquiatra María Jimena Santi. Según señaló, esta expectativa de plenitud absoluta deja fuera de escena todo aquello que no encaja con ese ideal: el cansancio, la angustia, la ambivalencia o el desborde emocional.
En ese contexto, muchas mujeres optan por el silencio. De acuerdo a datos citados por la especialista, más del 60% siente que no puede expresar sus dificultades por miedo al juicio social. “Cuando no se sienten dentro de lo que ‘deberían’ experimentar, aparece el temor a ser juzgadas”, sostuvo.

En la práctica clínica, tanto desde la psicología como desde la psiquiatría, se observa que todas las mujeres atraviesan cambios emocionales intensos durante el embarazo y el posparto, independientemente de si existe o no un diagnóstico previo.
“No hace falta tener depresión o ansiedad para que la maternidad se viva como una experiencia desbordante”, subrayó Santi.
A pesar de esto, el foco social suele estar puesto casi exclusivamente en el bebé y en cómo responder a sus necesidades, dejando en un segundo plano el cuidado de la madre. “No siempre se contempla que la madre también necesita ser cuidada y acompañada”, advirtió.
Mitos, exigencias y culpa
Uno de los factores que más inciden en el malestar emocional son los mitos que aún persisten en torno a la maternidad. Entre ellos, la idea de la “madre perfecta” —siempre disponible, sin dudas ni cansancio— aparece como uno de los más dañinos.
“Se trata de ideales imposibles que muchas veces tienen un alto costo en la salud mental y física”, afirmó la especialista.
A esto se suma la creencia de que el amor materno es inmediato e incondicional, cuando en realidad el vínculo con el hijo se construye y está atravesado por múltiples variables: la historia personal, las expectativas, las condiciones de llegada del bebé y los vínculos previos.

Este choque entre la maternidad idealizada y la experiencia real genera sentimientos de culpa, frustración e insuficiencia. “La culpa no surge de fallar, sino de creer que no se puede fallar”, sintetizó Santi.
En la actualidad, la maternidad también está atravesada por múltiples exigencias: el cuidado del bebé, la presión laboral, las tareas domésticas, la recuperación física posparto, el vínculo de pareja y la expectativa de sostener un equilibrio emocional constante. Todo esto, además, amplificado por el impacto de las redes sociales.
“El bombardeo mediático sobre cómo ser una ‘buena madre’ aumenta la autoexigencia”, explicó. Las redes suelen mostrar versiones idealizadas: cuerpos recuperados en pocas semanas, bebés tranquilos, hogares ordenados. “Esa maternidad editada genera comparación constante y sensación de falla”, agregó.

Emociones esperables y señales de alerta
Lejos de una experiencia lineal, la maternidad implica una amplia gama de emociones. Es esperable, según la especialista, que convivan sentimientos de apego, ternura y alegría con otros como angustia, irritabilidad, miedo, cansancio extremo o ambivalencia.
Dentro de este abanico, se encuentra la llamada “tristeza posparto” o baby blues, que afecta hasta al 80% de las mujeres. Suele aparecer en los primeros días tras el parto y es transitoria, sin requerir tratamiento.
Sin embargo, existen signos que requieren atención profesional: tristeza persistente por más de dos semanas, desconexión o rechazo hacia el bebé, ansiedad intensa, pensamientos intrusivos, sensación de inutilidad o insomnio severo incluso cuando el bebé duerme. “En estos casos es clave consultar para evaluar la situación y definir el abordaje”, remarcó Santi.

En Argentina, se estima que entre el 10% y el 16% de las mujeres atraviesa depresión posparto, aunque la especialista advirtió que existe un subdiagnóstico importante. “Probablemente sea más frecuente de lo que se cree”, señaló.
Durante el embarazo y el posparto se produce una profunda reorganización a nivel psicológico. “Es un momento donde lo biológico, lo emocional y lo simbólico se entrelazan”, explicó la psiquiatra. Cambia el cuerpo, pero también la identidad, y se reactivan aspectos de la propia historia personal.
Desde la neurociencia, se observó que el cerebro materno también se reorganiza: aumentan la empatía, la capacidad de respuesta al bebé y la sensibilidad emocional, pero también la vulnerabilidad al estrés y la ansiedad.
En este escenario, el descanso cumple un rol central. “La falta de sueño tiene un impacto enorme. No es solo estar cansada: es un factor clínico de riesgo”, adviertió. La privación sostenida afecta el estado de ánimo, la concentración y la regulación emocional, y puede favorecer cuadros de ansiedad y depresión.

Redes de apoyo
Uno de los aspectos más determinantes en la salud mental materna es el entorno. Contar con una red de apoyo —pareja, familia o comunidad— puede marcar una diferencia significativa.
“Para que una madre sostenga, necesita ser sostenida”, resumió Santi. No se trata solo de ayuda práctica, sino de un acompañamiento emocional real, con escucha activa, presencia afectiva y distribución concreta de tareas.
Sin embargo, la especialista adviertió sobre un fenómeno creciente: la “maternidad sin tribu”. La fragmentación de las redes familiares y comunitarias dejó a muchas mujeres criando en soledad o con una sobrecarga desproporcionada.

“Antes, la crianza estaba acompañada por otras mujeres de la familia o la comunidad. Hoy, muchas madres están solas, incluso estando en pareja”, señaló. Esta ausencia de sostén genera una sensación de desamparo que impacta directamente en la salud mental.
Ante este escenario, la psiquiatra fue clara: pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino un acto de cuidado. “La maternidad es exigente y no siempre se vive como se esperaba. No hay una única forma de ser madre”, afirmó.
También destacó la importancia de reconstruir redes de apoyo y generar mayor conciencia social. “La salud mental materna no es un tema secundario: es central para el bienestar familiar y comunitario”, sostuvo.
En ese sentido, plantea un cambio de enfoque: dejar de exigir perfección y empezar a acompañar procesos reales. “Cuidar a una madre es cuidar a un bebé, a una familia y al futuro colectivo”, concluyó.










