El santafesino Javier Klug volvió a dejar su huella en el ultratrail argentino al quedarse con el segundo puesto en los 200 kilómetros de la Misión Race, una de las pruebas más duras del calendario nacional. La competencia, disputada en plena Patagonia, exigió no solo resistencia física, sino también una fortaleza mental extrema para atravesar casi dos días completos de carrera.
El santafesino Javier Klug se subió al podio tras correr 200 km en la Patagonia
Tras casi dos días de esfuerzo continuo en uno de los escenarios más exigentes del país, completó una prueba extrema marcada por el desnivel, la autosuficiencia y la fortaleza mental, y alcanzó un resultado destacado que coronó meses de preparación y sacrificio.


Klug completó el recorrido en 49 horas, en una experiencia que definió como transformadora, marcada por el cansancio, la autosuficiencia y el diálogo constante con uno mismo.
Desafío de desnivel y resistencia
El corredor explicó que la complejidad principal de la prueba estuvo dada por el desnivel acumulado: “Lo más complejo obviamente son los 200 km, que tienen un desnivel positivo de 10.000, 10.500 metros, y eso lo hace un poco más complicado”.

A diferencia de otras competencias, la Misión Race ofrece múltiples distancias y la posibilidad de abandonar el recorrido largo para pasar a uno más corto, algo que, según Klug, puede jugar en contra: “Eso es peor porque es como un fusible que uno tiene para escaparse de la prueba”.

El desgaste físico aparece mucho antes de lo imaginado. “El cuerpo te abandona temprano. Quizás en el kilómetro 100 ya está para, depende de cada uno”, señaló. Aun así, destacó que la clave está en cómo se transita ese límite desde lo mental: “De ahí en más es cómo uno la va llevando mentalmente, conversando con uno mismo”.
Autosuficiencia, montaña y cuidado ambiental
Uno de los rasgos distintivos de la carrera es la autosuficiencia. No hay puestos de hidratación y cada corredor debe cargar con todo lo necesario. “El agua la sacás de los arroyos que hay ahí”, explicó. Solo en los 200 kilómetros la organización permite dejar un bolso que se recupera en dos puntos del recorrido para reponer lo indispensable.

Klug también remarcó el compromiso ambiental que atraviesa este tipo de pruebas: “Siempre se cuida muchísimo la ecología. Todo el mundo sabe que hay que recolectar los residuos y llevarlos hasta el final”. Con casi 1.000 inscriptos en todas las distancias, la conciencia colectiva se vuelve fundamental para preservar el entorno.

Preparación, familia y el valor de llegar
Entrenar para una ultramaratón de montaña desde Santa Fe implica creatividad y constancia. “Entreno más o menos 100 km por semana. No tenemos montaña, así que subimos y bajamos infinitas veces en la Costanera o cerca del Puente Negro”, contó. A eso se suma el gimnasio, el fortalecimiento y una alimentación cuidada.

El apoyo familiar resulta clave para sostener semejante exigencia: “Hay mucho apoyo de la familia, que te tiene que hacer el huequito para que uno pueda estar”. Para Klug, el segundo puesto es casi anecdótico frente al verdadero logro: “Lo principal es haber llegado a los 200. Eso es el logro personal y familiar”.
Con emoción, cerró con un mensaje claro para quienes sueñan con desafíos similares: “Se puede, con preparación, convicción y yendo despacito, sin frustrarse cuando no sale y seguir”.











