Cuando Medrán se hizo cargo del equipo, el año pasado, encontró un plantel arrasado, peor que si le hubiera caído una bomba atómica. Debutó con un empate y apenas un esbozo de recuperación, pero enseguida llegaron resultados negativos que se sumaron a un plantel desgastado, con las reservas físicas y futbolísticas por el piso, con más de 40 lesiones en el año, jugadores que se habían ido o estaban apartados del plantel y la parte anímica bajoneada por completo.
Colón y aquella predicción de Medrán: “El equipo aparecerá en la sexta o séptima fecha”
El técnico no arrancaba sólido por los malos resultados del año pasado, pero había encontrado tierra arrasada. Necesitaba un poco de tiempo para armar un equipo nuevo. Ahora hay que fijarse en lo que pasó los dos años anteriores, con comienzos de temporada similares, para que no se repita la historia.

“Lo primero que vamos a hacer, es hablar con Medrán”, dijo en todo momento José Alonso, cuando era candidato a presidente. Había un contrato estipulado hasta diciembre, un pasado de Medrán como técnico de Gimnasia de Mendoza que alentaba cierta esperanza (fue el formador del plantel que luego consiguió el ascenso) y la confianza que se debe haber afirmado cuando llegó Colotto y comenzaron a tirar nombres sobre la mesa (se dice que fueron más de 50 o 60 y con muchas coincidencias).
“Señores, trajimos 16 jugadores, es un plantel nuevo, el equipo va a aparecer en la sexta o séptima fecha”, dicen que les dijo Medrán a los dirigentes. ¿Abrió el paraguas?, no. Marcó la cancha con un límite de tolerancia que era razonable, más allá de que todos saben, en Colón, que la paciencia es lo primero que se pierde ante este “martirio” de transitar por el torneo de ascenso sin encontrarle la vuelta para retornar a la máxima categoría.
En contra de Medrán, estaba el pasado que en cierta forma lo “condenaba”. Y el pasado eran esos siete partidos de los que apenas había ganado uno, ante un equipo como el CADU, descendido y por la mínima diferencia en Santa Fe. Medrán sabía que se metía en el barro cuando aceptó dirigir a Colón por encima de una oferta que tenía del fútbol chileno. Se la jugó a sabiendas de que tenía mucho más para perder que para ganar. Pero evidentemente le gustó el desafío.
El equipo apareció cuando el DT dijo que iba a aparecer

Justamente entre el sexto y el séptimo partido (buen segundo tiempo ante Patronato, el mejor partido de todos ante San Miguel y, como consecuencia de ello, dos sendas victorias), llegó ese nivel futbolístico que conformó a la gente y que abriga con mayores fundamentos esa esperanza del retorno.
El pésimo partido con San Telmo fue el toque de atención. Nacho Lago fue contundente aquella tarde, cuando dijo luego del partido a El Litoral que “me voy recontra caliente porque no nos podemos permitir jugar de esta manera, como lo hicimos hoy”. Puertas para adentro, se nota que nadie miró de reojo la actuación, ni la subestimó. Y todos se concentraron en atacar de lleno las razones que llevaron al equipo a jugar un partido tan malo y con errores sorprendentes e inadmisibles. Incluido el técnico, que echó mano al equipo, cambió el esquema, sacó un jugador de ataque (Cano) y puso uno de marca (Muñoz), buscó una variante por el costado izquierdo de la defensa (Allende por Castet) y fue a buscar solidez, practicidad y eficacia a la cancha de Patronato. Y logró el objetivo.
El sábado pasado, en Santa Fe, se vio la mejor expresión. Apareció un jugador que tiene con qué convertirse en alguien determinante cuando el equipo disponga de la pelota (Ignacio Antonio), reapareció también la importancia de la dupla Peinipil-Marcioni por derecha y se ratificó el buen funcionamiento defensivo con un triángulo plagado de experiencia como el de Barrios-Rasmussen en la zaga y Federico Lértora delante de ellos.
A propósito de Lértora, no es un jugador que haya estado en el radar del técnico. Posiblemente tampoco en el del director deportivo. No porque no lo conozcan ni lo hayan desestimado, sino porque en la llegada de Lértora, imagino, tuvieron más que ver los dirigentes que lo conocían por su anterior y destacado paso por el club, que los responsables directos del armado del plantel. Sin embargo, Lértora fue contra todos los pronósticos y, al menos por ahora, su importancia viene en franco crecimiento dentro del equipo, inclusive sobreponiéndose a la inactividad que tuvo el año pasado, donde se pasó seis meses sin jugar.
Es largo el torneo y habrá otros traspiés, seguramente. Delfino, cuando dirigió a Colón y arrancó de la misma manera (o mejor, porque a esta altura del torneo estaba invicto), decía que había que lograr tres cosas: 1) que el bajón, si lo hay, fuera lo más breve posible; 2) un buen mercado de pases cuando se reabra el libro; 3) llegar bien a octubre, como lo hizo Aldosivi en aquella temporada, metiéndose en el resquicio que le dejó Nueva Chicago para jugar la final con los tucumanos y ascender a Primera.
La desesperación en la que se entró de puertas para adentro (dirigencia y plantel) cuando los resultados ya no fueron tan positivos, en el 2024, y la debacle deportiva y económica con ese tobogán sin fin del año pasado, erosionó seriamente el proceso deportivo con los consecuentes fracasos y hasta el peligro de una nueva pérdida de categoría, como se dio en el olvidable 2025.
Esta comisión directiva, a la que experiencia y capacidad no le falta, arrancó con ese campo minado del que todavía está saliendo. Mientras tanto, adentro de la cancha hay una respuesta que empieza a tranquilizar, aunque no hay que confiarse ni dormirse en los laureles, sino seguir con el motor siempre prendido y la mira puesta en el objetivo.
Con Delfino y con el Pata Pereyra, los arranques fueron similares, casi idénticos en cuanto a los resultados. Pero los finales fueron desastrosos, con errores muy graves y procesos colmados de equivocaciones. Ejemplos demasiado claros para que este año se puedan evitar.









