En el saludo de ambos, hay una mezcla muy grande de coincidencias, afectos y hasta complicidad. Frank Darío Kudelka y Leonardo Carol Madelón pertenecen a la generación “vieja” de entrenadores que mantienen la guardia alta, la vigencia intacta y las energías bien sólidas y atentas para “estallar”. Los dos tienen un vínculo muy estrecho con Unión. Madelón más acentuado, porque además de dirigirlo, también fue jugador. Sufrió y disfrutó del club en sus dos condiciones, la de técnico y la de futbolista. Kudelka apareció bien de abajo, ya como un profesor de educación física que hizo el curso de técnico y se volcó hacia esa “silla eléctrica” que la padeció en aquellos primeros tiempos en Unión, antes de volver para devolverlo a Primera División.
Kudelka y Madelón, dos nombres propios en los últimos 40 años de historia de Unión
Los dos ganaron cosas, Madelón más que Kudelka. Pero, para ambos, Unión no es “algo más” en sus carreras deportivas. Pertenecen a una generación de entrenadores que desafían el tiempo y mantienen la vigencia.

Kudelka dirigió en 92 oportunidades a Unión. Pero el recuerdo de la primera vez es muy fresco (a pesar de que pasaron casi 25 años) y vital para su futuro. Había asumido la conducción interina del equipo, en reemplazo de Carlos Griguol. Le tocó dirigirlo contra Boca en la Bombonera. El partido terminó 3 a 0 a favor de Boca y la dirigencia de entonces tenía abrochado el sucesor: el “Chulo” Rivoira. Sin embargo, el vestuario “habló” después del partido y ese pedido fue clave para su futuro como entrenador. Con el “Mago” Capria a la cabeza, los jugadores solicitaron que siga Kudelka. Y así fue. Aquél torneo del 2002 terminó con la famosa Promoción ante Gimnasia de Concepción del Uruguay: derrota 3 a 1 en Entre Ríos, victoria 3 a 0 en Santa Fe y salvación asegurada.

Kudelka siguió siendo el entrenador de Unión, no le fue bien, luego tuvo que remontar el barrilete de su carrera, hizo una muy buena campaña dirigiendo a Boca Unidos de Corrientes y un día se propuso volver. “Quiero dirigir a Unión”, señaló allá por mediados de 2010. Los dirigentes de entonces (ya con Spahn a la cabeza), lo vieron con buenos ojos. Volvió, con más experiencia y en búsqueda de la revancha: armó un equipo nuevo, lo hizo funcionar, lo ascendió y lo mantuvo en Primera con una buena campaña. Fueron dos años muy buenos. Después, ese equipo se desarmó y cinco derrotas consecutivas – y algunas cositas más - lo llevaron a un anunciado alejamiento.
La historia de Leo Madelón es más larga en el tiempo y con más “laureles” conseguidos. Como jugador, su llegada fue muy importante para conseguir aquel ascenso de 1989 y una temporada muy buena en Primera, donde ese equipo (casi el mismo del ascenso y con Zuccarelli de entrenador), llegó a estar en el cuarto puesto. Se fue y volvió como jugador, aunque ya no en el mismo nivel. Como entrenador, tuvo cuatro pasos en total. En el segundo, logró el ascenso a Primera División en el 2014, siendo, Unión, el primero de los diez ascendidos en esa temporada. Después, lo buscaron siempre cuando había que sacar al club de una situación comprometida en la permanencia. Peleando por eso, consiguió llevarlo al club, por primera vez, a la disputa de una copa internacional (la Sudamericana de 2019).

Se vuelven a encontrar en el Parque Independencia, en distintos clubes pero con las mismas aspiraciones. A Kudelka, Newell’s lo buscó para que lo saque de una situación difícil y está muy cerca de clasificarlo por primera vez para el Reducido. Asumió el desafío en una ciudad extremadamente futbolera, donde hoy la diferencia con Rosario Central en cuanto a objetivos y pelea deportiva, está muy inclinada a favor del “Canalla”. Y a Madelón, no muchos recuerdan que en abril del año pasado lo fueron a buscar como “amortiguador” de un momento deportivo negativo, con una elección complicada a la vuelta de la esquina y una posición en la tabla anual que presagiaba un año de riesgo. No solo que la palabra “descenso” no se utilizó más en Unión, sino que logró dos clasificaciones consecutivas al Reducido. Y ahora va por un nuevo intento.
Con Falcioni, Zielinski y De Felippe, forman parte de una “vieja guardia” que se resiste a perder un lugar de consideración. Como dijo Joan Manuel Serrat, "me rebelo contra un mundo donde se identifica a los viejos con la falta de capacidad, de talento o de preparación". Para el mundo del fútbol, el que pasa los 60 años ya es un “viejo”. “Está grande”, se suele decir. Y ellos demuestran que no es así, que la experiencia vale mucho y que no siempre, como decía Bonavena, “es un peine que te dan cuando te quedás pelado”.
Kudelka y Madelón tienen un nombre propio escrito con letras grandes en el mundo Unión. Y esta tarde, en el Coloso, cuando se vuelvan a saludar, en ese abrazo y apretón de manos moverán algo de la estantería de la historia futbolística tatengue.










