Alto Verde hace tiempo dejó de ser pensado como un barrio más de la ciudad. Allí viven más de 10 mil personas que, cada vez que llueve, vuelven a enfrentarse a condiciones de habitabilidad precarias. Calles anegadas, barro, basura acumulada, falta de iluminación y episodios de violencia forman parte de una escena que, para los vecinos, ya dejó de ser excepcional para convertirse en rutina.
Alto Verde: más de 10 mil vecinos conviven con anegamientos, barro e inseguridad
El distrito santafesino expone una crisis estructural: anegamientos persistentes, calles de barro, escasa iluminación y nuevos hechos de violencia golpean a miles de familias.

En la manzana 7 el agua permanece estancada durante días. La postal es la de motos y autos que no pueden ingresar, familias que deben salir caminando entre el barro y casas que quedan expuestas al ingreso del agua. “Hace mucho tiempo que estamos así, no hay desagüe y cuando llueve mucho nos inundamos”, relató Carina Jaime.
La situación no solo afecta la circulación. También impacta sobre los servicios esenciales. Según denunciaron los vecinos, el camión recolector dejó de ingresar en varios sectores y la basura termina acumulándose en terraplenes y espacios abiertos, lo que además contribuye a tapar los desagües naturales y empeorar el drenaje del agua.
“Queremos que hagan las cunetas y que pase la máquina. Antes lo hacían, ahora no viene más nadie”, reclamó la vecina. En algunos sectores, fueron los propios habitantes quienes colocaron hojas de palmera y ramas para improvisar un piso y poder transitar, aunque esa solución solo agrava la formación de barro.
Un distrito aislado después de cada lluvia
Desde la Red Alto Verde, Claudio Monzón advirtió que la problemática se repite en distintos sectores y que hay zonas que quedan prácticamente aisladas tras cada tormenta. “No entra la ambulancia, no entra la policía y no entra el recolector de residuos”, sostuvo.
El referente barrial explicó que la falta de obras de desagüe y el funcionamiento limitado de las bombas de extracción profundizan el problema. También señaló que existe un reservorio cuya salida se encuentra obstruida, por lo que el agua demora mucho más en bajar.
La situación es todavía más compleja en La Boca, donde el camino de tierra se vuelve intransitable. “Hay gente que tiene que caminar dos o tres kilómetros para ir a trabajar porque el colectivo no pasa cuando llueve”, explicó Monzón, quien pidió que el distrito sea incorporado a la agenda prioritaria del municipio.

A esto se suma la falta de alumbrado público en varios pasajes internos. La iluminación llega hasta algunos sectores puntuales, como la plaza, pero luego predominan la oscuridad y los focos colocados por los propios vecinos en sus viviendas.
La inseguridad volvió a crecer
Como si las dificultades urbanas no alcanzaran, en las últimas horas volvió a crecer la preocupación por la violencia en el distrito. Disparos, robos en escuelas y ausencia de patrullaje fueron parte de los reclamos vecinales.
“Volvió la inseguridad. Empiezan a los tiros a cualquier hora”, denunció Carina Jaime, quien además relató que en las últimas horas dos personas resultaron heridas de bala y que incluso un patrullero recibió disparos.

También denunciaron robos reiterados en establecimientos escolares de la zona de La Boca. Según señalaron, sustrajeron luminarias, una ventana completa y elementos del comedor.
“Queremos que vengan a arreglar los desagües, la luz y que haya más seguridad”, insistieron.









