Martes por la tarde. El otoño parece dar un tibio arrumaco de sol, tras un día bastante frío. El lugar de encuentro: un viejo cabín ferroviario, que es una “carie urbana” que ha sido reparada. Mate en mano, los vecinos empiezan a llegar con libros algo descoloridos, fotocopias y recortes de diarios; pero también con sus celulares, porque usan la IA Chat GPT.
Cuál es el barrio de Santa Fe donde los vecinos se reúnen en un curioso taller de "rastreo" histórico
Adultos mayores decidieron juntarse para averiguar sobre el origen de los nombres de las calles de su barrio. Aparecen próceres de la historia; pero también curiosidades que no están en los libros. Construyen identidad y socialización.

No son historiadores, ni académicos ni profesores: son gente común, corriente y silvestre con los típicos problemas de todos los días, pero que se reúnen movilizados por una curiosa necesidad: la de indagar sobre la historia del barrio en el que viven, su nombre y los de las calles; por qué hay tantos próceres en esas denominaciones, incluso hitos de la historia de Argentina.

No hay únicamente en este concepto de barrio una delimitación de cercanía geográfica que acerca a estos vecinos (en su gran mayoría adultos mayores); sino, y aún algo más potente y humano, un sentido de pertenencia a un lugar; es decir, a una manera de convivir en lo cotidiano, entre trazas ferroviarias, iglesias y plazas frondosas.
De qué se trata
Este taller se llama “Las Calles y sus Próceres”, como si fuese la indicación de una tarea escolar. El flyer de convocatoria pregunta: “¿Se pusieron a pensar quiénes fueron los próceres y figuras que dan nombre a las calles de nuestro barrio? El taller es un espacio abierto para reconstruir juntos la historia que caminamos todos los días”.
“Nos reuniremos para investigar, compartir datos, anécdotas y documentos sobre la vida de los próceres que nombran nuestras calles. Pueden participar todos. No hace falta ser historiador: sólo ganas de leer, charlar, buscar en internet o simplemente tener curiosidad. Y si conocés alguna historia de la calle donde vivís, mejor”.

El lugar de encuentro es la vecinal Candioti Norte. Quienes quieran sumarse a esta actividad gratuita, pueden consultar al celular: 342-6140054.
Cómo empezó todo
Un día, se presentó una señora en la sede de la vecinal (Mitre y Pedro Díaz Colodrero, en la cabina ferroviaria recuperada) y propuso armar un espacio para investigar por qué las calles de barrios llevan tal o cual nombre. Esa idea se convirtió en este taller o mesa de trabajo.
“Lo que hicimos en el primer encuentro fue indagar por qué el barrio se llama así, Candioti Norte. Somos vecinos comunes que nos juntamos a ‘chusmear’ sobre la historia del lugar donde vivimos. Una sola pregunta puede derivarse a otras curiosidades”, le dijo a El Litoral Constanza “Coti” Lordi, integrante de la vecinal.

Es muy común que las calles de la ciudad de Santa Fe, como de cualquier otra gran urbe del país, tengan nombres alusivos a próceres o a acontecimientos trascendentes de la historia. Sin embargo, los vecinos van más allá: la curiosidad los moviliza, y tratan de indagar elementos que no están en los libros.
Se sabe, como bien ha contado el sitio especializado Santa Fe Mi Barrio, que Candioti fue considerado “el barrio de la Modernidad para la ciudad, sin divisiones entre sur y norte. Pero ese mismo eje dinamizador que le dio origen, vinculación e identidad, es el mismo que a su vez marcó una frontera entre lo austral y lo boreal”.

“El bulevar Gálvez puso ese límite entre el Candioti del sur, con industrias y el Puerto, el ferrocarril, las casonas señoriales y los espacios hasta el entorno fluvial; y el Candioti del norte, más popular, menos pudiente, más extendido, y encerrado entre vías férreas”, dice ese portal web.
La historia de las dos barriadas de Candioti comienza a fines del siglo XIX y principios del XX. En esa época los terrenos eran mayoritariamente conocidos como “La Chacarita” o “Paraje Los Ceibos”, especialmente en el sector sur, agrega luego.

Pero, ¿por qué el barrio Candioti se llama así? “Por lo que pudimos indagar, la hipótesis que más peso tiene es por José Candioti, que fue el propietario que donó estas tierras. Pero también aparecen Pedro y Pablo Candioti y no sabemos quiénes son; quizás sean parientes. Es un trabajo bastante ‘detectivesco’ para nosotros”, sonrió la vecinalista.
(N. del R.: Entre otros dueños de esas tierras aparecen también Ignacio Crespo, al norte de la línea del bulevar, Sixto Sandaza y Marcial Candioti, este último para el sector sur.)
“De momento, estamos en plena indagación”, contó Lordi después. Además, hay una joven que trabaja en la Municipalidad y les dará una ayuda en las líneas de indagación bibliográfica, sobre todo de las calles. “Lo que nos vendría muy bien es que se sume un profesor de Historia, un especialista que nos dé una mano en este taller”, agregó.
Una publicación
La meta “de máxima” de este grupo de vecinos curiosos por su historia identitaria es lograr, una vez constituido un corpus de datos históricos, editar una publicación. “Sería algo muy lindo. La sola idea de tener un pequeño libro es estimulante. Entusiasmo nos sobra”, aseguró la vecinalista.

Uno de los obstáculos con que se encuentran los vecinos es el exceso de información disponible que no siempre es fiable. Y lo otro: la organización. “Entonces, como hay tanto para indagar, los asistentes del taller nos repartiremos las tareas: a algunos les tocará un sector de calles, y al resto otros tópicos para investigar, por ejemplo”, dijo Lordi.
El otro aspecto es la fuerte ligazón del barrio con la tradición ferroviaria. “También es un tema que debemos tener en cuenta. Sabemos que en Candioti Sur hay casas donde vivieron alemanes que llegaron con el ferrocarril. Y aquí, en la parte Norte, habrían estado los franceses. De esto se trata este simple trabajo: indagar y conocer”, cerró.











