Imagínese esta escena: una cabaña sanitizada a diario para una familia tipo que deberá moverse preferentemente en modo "burbuja"; el mate caliente por la mañana y las tostadas recién hechas; el óleo ribereño en su paleta de colores tenues al atardecer; el fogón afuera, las brasas crepitan, llega el asado y el vino generoso; las aves autóctonas para avistar; una iglesia antigua que esconde misterios y que están ahí, esperando ser conocidos. Un caminito perdido entre la vegetación. Una fuga a la locura de la gran urbe.




































