El calor santafesino en enero es insoportable. El verano lleva a los termómetros ambientales por sobre los 40°C. No se aguanta. La siesta es un agobio. El zumbido del motor de los aire acondicionados retumba por las calles. Es “un moscardón”. Los que caminan -botella de agua en mano y sombrero en la cabeza- buscan sombra donde sea.


































