La Municipalidad de Santa Fe ya trabaja en las primeras definiciones de un ambicioso proyecto, que había sido anunciado en mayo por el intendente Juan Pablo Poletti: el plan de entornos ribereños urbanos para esta capital. En concreto, comenzaron las primeras reuniones entre funcionarios y expertos de varias instituciones.
Impulsan el plan de entornos ribereños urbanos en Santa Fe: punto por punto, en qué consiste
Se trata de un proyecto que identifica ocho áreas ribereñas en toda la capital. Allí, se proyectan intervenciones que apuntan a revalorizar la relación entre los santafesinos y el entorno natural. Hubo reuniones de la comisión especial.

Como primera novedad, de estos encuentros se han definido ocho entornos ribereños posibles, que son los “bordes” alrededor del área urbana: en el río Salado, en el río Santa Fe; en la laguna Setúbal; en el Paseo de la Laguna; en la laguna El Rodeo; el Riacho Santa Fe; en Colastiné y en el riacho Tiradero Viejo. Se pueden ubicar en el mapa que acompaña esta nota.
El plan apunta a reforzar la relación entre los santafesinos y el agua. “El 70% del ejido municipal está conformado por agua. Lo que intenta este proyecto es analizar un 18% de esa superficie de una manera integral y resiliente, respetando el entorno natural”, le dijo a El Litoral Raquel Wendler, subsecretaria de Ordenamiento Territorial.

“Debemos dejar de darle la espalda al río, dejar de pensar a esos bordes como simples líneas o límites que separan a la ciudad del agua, y propiciar que se conviertan en espacios de interacción social, de encuentro y convivencia, al que todos podamos acceder y disfrutar, donde se priorice el espacio público”, agregó.
Los desafíos
Cada uno de esos ocho espacios ribereños urbanos cuenta con características diferentes. Pero por más que tengan sus especificidades, identifican a la ciudad y su tradición. “El gran desafío que tenemos con este proyecto es encontrar cuál es el equilibrio entre cosas que a veces parecen opuestas”, agregó Wendler.

Luego, amplió este concepto: “Vemos como opuestos la ciudad y el agua, o el desarrollo y la conservación, o el uso humano y lo ambiental. En realidad, en estos sectores todas esas características interactúan: por eso, necesitamos encontrar el adecuado equilibrio”.
Para la subsecretaria, la clave es aplicar una mirada integral de todos estos espacios, para luego crear una nueva figura jurídica (entornos urbanos ribereños), no vistos ya como bordes divisorios, sino como áreas que se puedan ocupar socialmente: que sean espacios públicos de libre acceso, siempre respetando el entorno natural.
Esa nueva figura jurídica se convertirá en un mensaje que el Ejecutivo remitirá al Concejo capitalino para su tratamiento, probablemente en octubre.
Cómo se aprovecharían
Sobre ese 18% de áreas naturales “tenemos que evaluar primero cuáles no podemos tocar. Porque quizás, de ese 18% hay sectores que no se deben intervenir, con lo cual vuelve a formar parte de ese 70% total. Después, pueden haber sectores donde tal vez sí podamos revalorizar el espacio público y generar accesibilidad al borde del río”, explicó Wendler.

¿Cuáles serían las intervenciones posibles sobre estas áreas ribereñas? Por ejemplo, miradores, quizás algún camping, recorridos peatonales, bicisendas, etcétera. También se podría incluir ecoturismo y ecoescuela. “Hay muchos usos posibles que se pueden establecer y que apuntan a un vínculo directo con el disfrute del agua”, adujo.

Todo está en proceso de diagnóstico, aclaró la funcionaria. “Tal vez haya algún sector que esté protegido, por eso debemos ser muy cuidadosos. Todo va a salir del análisis que realicemos, y los aportes se volcarán en un informe final”.
Para la subsecretaria, la planificación de la ciudad es muy compleja. Hay múltiples dimensiones, “con hay una superposición de capas que además se afectan mutuamente. Si se interviene una de las dimensiones se puede estar afectando otra”. Por eso es importante que este proceso de análisis se haga de forma interdisciplinaria, integral y sustentable”.
Comisión especial
El plan está siendo trabajado por una comisión especial integrada por representantes de distintas áreas municipales (Urbanismo, Gestión Hídrica, Ambiente, Catastro). Pero también participan académicos de otras instituciones, como la Facultad de Arquitectura y de Ciencias Hídricas (UNL); el INA, los colegios profesionales y referentes ambientalistas.

Además, está previsto realizar convocatorias a otros especialistas, y la realización de otros foros y jornadas. “Esto es necesario para lograr esta mirada interdisciplinaria lo más amplia posible, ya que consideramos que es la única forma que nos va a permitir un abordaje responsable y consciente sobre los entornos ribereños urbanos”, insistió en la idea.

El trabajo de la comisión “está dando buenos resultados. Hay mucho compromiso de parte de las instituciones participantes, y quienes fueron designados están participando activamente en las reuniones y presentando sus aportes, cada uno desde su mirada y su expertise”, agregó después Wendler.
En la última reunión se identificaron problemáticas, oportunidades, posibles conflictos en la relación ciudad-agua, y las potencialidades que tiene cada entorno ribereño. “Toda la información se está sistematizando y se volcará con un informe final, para luego mandar al Concejo el mensaje con el proyecto de ordenanza”, cerró.











