Esta noche, cuando la pelota empiece a rodar en Miami y la Selección Argentina enfrente a la sorprendente Cabo Verde por los dieciseisavos de final del Mundial de Estados Unidos, millones de personas verán apenas un cruce inédito entre el campeón del mundo y la revelación del torneo. Sin embargo, detrás de ese partido existe una trama mucho más antigua que el fútbol. Una historia de puertos, migraciones, esclavitud, trabajo marítimo y encuentros culturales que también alcanza al litoral argentino.
Argentina vs. Cabo Verde: la historia de botines, puertos y memoria que los une
Hoy se estima que viven en Argentina alrededor de 30.000 descendientes caboverdianos. Ambos países "comparten mucho más de lo que la mayoría imagina", sostiene la historiadora Magdalena Candioti, docente de la FHUC UNL e investigadora de CONICET.

Hay un detalle casi invisible que resume ese vínculo. Los botines con los que Lionel Messi disputa el Mundial fueron bendecidos en la Basílica de Luján, donde durante décadas la tradición ubica como custodio permanente de la Virgen al caboverdiano Manuel Costa de los Ríos, el célebre "Negro Manuel", una de las figuras más importantes de la religiosidad popular argentina. Del otro lado, el arquero caboverdiano Vozinha juega con un modelo denominado "Mendoza", diseñado por una empresa fundada por un hijo de argentinos y decorado con un escudo pintado a mano por un artista del archipiélago africano.

Son pequeñas coincidencias que, vistas de cerca, revelan una historia compartida. "La Argentina y Cabo Verde comparten mucho más de lo que la mayoría imagina", sostiene la historiadora Magdalena Candioti, docente de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad Nacional del Litoral e investigadora del Conicet.
"Los africanos y afrodescendientes forman parte del guión principal de la película de nuestra historia. Tenemos que dejar de pensarlos como un spin off del relato oficial, vinculado únicamente a las biografías de unos pocos", afirma.
Una historia que comenzó en los puertos
Para entender ese vínculo hay que retroceder varios siglos. Las islas de Cabo Verde, ubicadas frente a la costa occidental africana, fueron colonia portuguesa desde el siglo XV hasta su independencia, en 1975. Durante buena parte de ese período se transformaron en uno de los principales centros logísticos del comercio transatlántico de personas esclavizadas. "Funcionaron históricamente como un nodo clave para el tráfico de personas esclavizadas hacia América", explica Candioti.

Entre la creación del Virreinato del Río de la Plata y 1812, cuando la Asamblea prohibió oficialmente el tráfico esclavista, ingresaron por los puertos de Buenos Aires y Montevideo alrededor de 2.000 africanos por año, según los registros históricos.

Paradójicamente, antes de la llegada de los portugueses el archipiélago estaba deshabitado. "La sociedad caboverdiana se conformó a partir de personas esclavizadas, deportados, presos políticos, comerciantes y organizadores del propio tráfico esclavista", resume la investigadora santafesina.
La otra migración
Décadas más tarde llegó otra historia. A fines del siglo XIX las crisis económicas, las sequías recurrentes y los conflictos sociales impulsaron una importante emigración voluntaria desde Cabo Verde. Muchos eligieron la Argentina.
Lo hicieron, sobre todo, siguiendo una lógica conocida: instalarse cerca de los puertos, donde podían aprovechar la experiencia marítima que habían desarrollado durante generaciones. Ensenada, Dock Sud y Mar del Plata se transformaron en los principales centros de asentamiento de la comunidad caboverdiana.

Cuantificar cuántos llegaron resulta complejo. Hasta la década de 1960 ingresaban con pasaporte portugués y, por lo tanto, eran registrados oficialmente bajo esa nacionalidad.
De acuerdo con las investigaciones de la antropóloga Marta Maffia, entre 8.000 y 12.000 caboverdianos arribaron al país durante ese período, mientras que hoy se estima que viven en Argentina alrededor de 30.000 descendientes.
Una presencia invisibilizada
La investigadora de la UNL considera que esa historia quedó durante mucho tiempo relegada. El relato tradicional sobre la inmigración argentina privilegió el aporte europeo y redujo la presencia africana a un capítulo marginal, cuando en realidad formó parte de la construcción económica, cultural y social del país desde los tiempos coloniales.

Incluso algunas expresiones profundamente argentinas —como el tango, nacido en los barrios portuarios del Río de la Plata— fueron moldeadas también por la presencia afrodescendiente.
La discusión vuelve a cobrar actualidad cada vez que el fútbol pone frente a frente realidades diferentes. Mientras muchas selecciones europeas cuentan con numerosos futbolistas afrodescendientes, Argentina continúa presentando una composición mucho más homogénea.

Para Candioti, esa diferencia tiene explicaciones históricas y sociales. "Las oportunidades no son igualitarias", sostiene. "El proceso de integración de los migrantes africanos contemporáneos en nuestro país es muy difícil. Su inserción laboral suele estar fuertemente precarizada y, muchas veces, la venta ambulante aparece como una de las pocas alternativas posibles". Aun así, observa cambios.
"Existen casos aislados de jóvenes de origen africano que se están formando en las divisiones inferiores de distintos clubes. Por las dimensiones que está adquiriendo la diáspora reciente, no me extrañaría que en el futuro podamos tener jugadores afrodescendientes en la Selección Argentina".
Mucho más que un rival inesperado
Mientras Argentina llega como vigente campeona del mundo, Cabo Verde protagoniza una de las grandes historias del torneo. Debutó en una Copa del Mundo y logró una histórica clasificación a la fase eliminatoria gracias a una campaña invicta, convirtiéndose en la revelación del campeonato. Su entrenador, Pedro Brito —conocido como Bubista—, definió al equipo como el representante del "fútbol de los pobres", construido con esfuerzo, identidad y una enorme diáspora repartida por el mundo.
Cuando esta noche Messi y Vozinha salgan al césped del Hard Rock Stadium, el partido comenzará de cero. Pero la historia entre ambos países empezó hace siglos.

Mucho antes de los goles, de los mundiales y de los botines, fueron los barcos los que tendieron el primer puente entre la Argentina y Cabo Verde. Un puente construido entre océanos, puertos y migraciones, cuya memoria todavía permanece, aunque muchas veces pase inadvertida.
Que ruede la pelota.








