El Teatro Municipal “1° de Mayo” ha cumplido 121 años de vida. No fue un aniversario más: este emblema patrimonial, cultural e identitario de la ciudad capital celebró su “cumpleaños” mostrando todo su esplendor arquitectónico, ya que se presentaron las obras de restauración que fueron ejecutadas en la fachada y el hall principal, entre otros sectores.
Cómo fue el minucioso trabajo de restauración de una de las joyas arquitectónicas de Santa Fe
Con fondos provinciales, se repararon los puntos críticos de humedad en las cubiertas, se ejecutaron desagües pluviales y se pusieron en valor el hall y la fachada principal, entre otras labores. Es un símbolo patrimonial e identitario de la capital.

Las obras fueron financiadas por el Gobierno provincial, y la inversión rondó los 500 millones de pesos. La Municipalidad elaboró el proyecto técnico, llamó a licitación pública y adjudicó la obra a la firma Saux Wernly SA. El objetivo de los trabajos fue “resguardar uno de los bienes más emblemáticos de la identidad urbana santafesina”, dijeron fuentes municipales.

El Teatro Municipal abrió sus puertas un 5 de octubre de 1905 con la interpretación de la ópera “La Gioconda”, de Amilcare Ponchielli. El edificio diseñado por el arquitecto francés Augusto Plou transitó un largo por un período de refacciones, que se interrumpió en 2023 por la discontinuación del financiamiento por parte de Nación.
Patologías críticas
En diálogo con El Litoral, el Arq. Gabriel Navarrete, Director de Proyectos de Arquitectura municipal, explicó que el teatro acarreaba problemas serios de filtraciones, algo que se denomina “patologías críticas”, tanto en las cubiertas como en sus fachadas.
“Estamos hablando de un edificio de más de 120 años, que si bien recibió algunos procesos de mantenimiento, no fueron suficientes y nos encontramos con patologías de humedades dentro del teatro que había que subsanar, fundamentalmente en el hall principal y en el sector superior del escenario”, comentó.

Al iniciar la actual gestión municipal las obras de restauración quedaron paralizadas, como se dijo, puesto que Nación frenó el financiamiento. “Era una gran preocupación porque los trabajos quedaron a medias: por ejemplo, una mitad de la fachada era de color blanco y la otra de color piedra París, tan propio de los edificios patrimoniales”, dijo.
Este color piedra París oscila entre el beige claro, ocre suave y un gris cemento cálido, y evoca el aspecto de las piedras calizas que eran utilizadas en la arquitectura clásica.

Pero como se dijo, atender y subsanar el problema de la humedad era lo primero: “En el sector del escenario principal, había problemas importantes porque no era humedad: entraba agua directamente. Esto ponía en riesgo toda la técnica y sonido que tiene la parrilla superior (del escenario)”, agregó Navarrete.
Entonces, se hizo un retechado sobre las cubiertas existentes y en las azoteas; se sacó todo el contrapiso que estaba sobre la losa de hormigón, y se ejecutó un trabajo de impermeabilización de las losas; también se adecuaron las pendientes de los contrapisos hacia las nuevas bajadas de las descargas pluviales.
A esto se sumó la ejecución de todos los desagües para el agua de lluvia que estaban fuera de servicio, y que hubo que cambiarlos.

“A pedido del intendente Juan Pablo Poletti retomamos un poco el proyecto licitado en su momento. A su vez, detectamos otras patologías que tenía el teatro y se agregaron al nuevo pliego licitatorio. Al arreglar las humedades de cubiertas y fachada, el hall central tenía afectaciones en pisos y en pinturas de las paredes”, explicó el director.
Fachada y hall principal
La segunda intervención importante fue la restauración de la fachada principal del edificio, que da a la Peatonal San Martín. Aquí realizó un proceso de “veladura” en el sector pintado de color blanco, para poder llevar esa textura al color original que tenía el teatro, que se conoce -como se dijo- como piedra París.

“Al solucionarse los problemas de filtraciones en lo que son las cubiertas y fachadas, se pudo ingresar al hall principal para poder trabajar en todo lo que son los frisos, zócalos y paredes cuyas pinturas estaban afectadas por las humedades. Así, se pudo poner en valor todo este sector”, contó el arquitecto.
También se intervino la fachada que da a calle Juan de Garay, puntualmente para restaurar las aberturas, que estaban muy venidas a menos, añadió el especialista.
Araña e iluminación
En el Teatro Municipal hay dos arañas: la más conocida es la que se encuentra en la Sala Mayor, que tiene 40 mil caireles de vidrio y pesa nada más y nada menos que 350 kilos. Todos los años se realiza una suerte de tradicional ceremonia o ritual donde esta araña se baja lentamente y se limpia.

“Pero a su vez, el hall principal tiene la araña que estaba en el Cabildo de Santa Fe que se demolió -explicó el director-. Es la araña que se ve en el centro del hall principal del teatro. Esta se bajó y se limpió; se le hizo un cuidadoso tratamiento a los apliques de bronce y se cambiaron las luminarias que estaban quemadas”.
Hubo una última intervención que busca el embellecimiento visual, con una nueva iluminación ornamental en la fachada del edificio. Las anteriores luminarias ya habían quedado obsoletas, de una tecnología difícil de conseguir.

“Se hizo un nuevo proyecto de iluminación de la fachada con artefactos Led (tecnología RGB). Lo que se buscó fue destacar con la luz elementos escultóricos, como por ejemplo las columnas y otras piezas ornamentales que son protagonistas dentro de la fachada”, puntualizó Navarrete.
Además, son luminarias cuya tecnología permite programar los colores: “Ahora se podrá, en alguna ocasión especial, determinar la luz de la fachada con algún motivo alegórico relacionado con alguna fecha conmemorativa, por ejemplo. El teatro tendrá una iluminación cálida y regular, con el destaque de grupos escultóricos”, cerró el director.











