La vocación del artista plástico Mariano Arteaga se despertó durante sus tiempos de estudiante en la que él mismo describe cómo “gloriosa” Escuela Industrial Superior. En las aulas de esa institución, tomó contacto con técnicas y materiales que con el tiempo resultaron decisivas para definir su vínculo con las artes plásticas. Su acercamiento a la forja, la carpintería, el ajuste y la fundición lo pusieron en contacto con la materia prima y sus posibilidades de transformación en productos elaborados, tanto simples como complejos. “Ese tipo de cosas te forman la personalidad, en la cual uno tiene ya una determinada inclinación. Hay gente que abandona ese primer empuje, y otra que le da continuidad. Ese fue mi caso”, cuenta.




































