Pero ahora, con suelos saturados en el primer metro y en profundidad, comienzan los meses más lluviosos del año. Téngase en cuenta que, de oeste a este, hay un promedio de 30 a 75 mm en septiembre y, luego, en octubre, noviembre y diciembre las medias superan los 100 mm. A eso hay que sumar el contexto de un Pacífico en Neutralidad, pero con un Atlántico caliente que podría aportar todavía más humedad. Por eso hay incertidumbre y riesgos respecto a no poder cumplir con la siembra temprana de maíz en septiembre, a no poder ingresar en lotes de trigo para controlar enfermedades por vía terrestre, a que se siga perdiendo nitrógeno por el efecto lavado, a que se sume más área de trigo perdida por anegamientos y a que las labores de recolección de la fina se complejicen. De pasar a contar cada milimetro de lluvia, ahora se pasa a contar los días sin lluvias para poder cumplir con las labores.