En los bajos de la cuenca del Saladillo, una vasta región ganadera caracterizada por suelos anegables y limitaciones estructurales para la agricultura intensiva, comienza a consolidarse un cambio de paradigma productivo.
Más carne con menos superficie: el impacto de los drones en la cuenca del Saladillo
Una innovadora práctica con drones aplicada en campos del departamento Garay, permite transformar paja colorada y espartillo en pasturas aprovechables para la hacienda. La experiencia fue en el marco de jornadas organizadas por la Sociedad Rural de Santa Fe, donde se combinan capacitación teórica y prácticas a campo.

A través del uso de drones para aplicaciones selectivas, productores y técnicos logran intervenir sobre especies de bajo valor forrajero —como la paja colorada, el espartillo y la paja brava— y liberar así el potencial del pastizal natural, base histórica de la producción bovina en la zona.

La experiencia se desarrolla en establecimientos cercanos a Cayastá, en el marco de jornadas impulsadas por la Sociedad Rural de Santa Fe, que combinan instancias teóricas con demostraciones prácticas a campo. Allí, el eje está puesto en validar en condiciones reales una tecnología que ya muestra resultados concretos y despierta un creciente interés en el sector.
De maleza a recurso forrajero
El corazón de la propuesta radica en la aplicación dirigida de herbicidas mediante drones, lo que permite actuar con precisión sobre las especies indeseadas sin afectar el resto del ecosistema. Este enfoque selectivo resulta clave en ambientes frágiles, donde una intervención indiscriminada podría generar efectos contraproducentes.
“El objetivo es limpiar el potrero para que el pastizal útil se exprese en todo su potencial”, explicó el productor Carlos Hernández.
En estos campos, donde no es viable implantar pasturas artificiales ni desarrollar agricultura, mejorar la calidad del recurso natural disponible es la principal vía para incrementar la productividad.

Los resultados observados son contundentes. En lotes dominados por paja brava, donde la carga tradicional era de una vaca cada tres hectáreas, las intervenciones con drones permiten alcanzar una relación cercana a una vaca por hectárea. Este salto implica, en términos prácticos, la posibilidad de triplicar la capacidad productiva en amplias zonas de la cuenca.
Se trata de un cambio estructural con impacto potencial sobre cientos de miles de hectáreas. La región, comprendida entre Reconquista y la ciudad de Santa Fe, concentra una de las mayores superficies de ganadería extensiva del país.
Tecnología, medición y capacitación
El secretario de la Sociedad Rural de Santa Fe, Juan Carlos Pujato subrayó la importancia de medir variables como tamaño de gota, cobertura e impacto para garantizar la eficiencia de las aplicaciones.
“No alcanza con aplicar: hay que saber cómo se aplica y cuánto llega al objetivo”, señaló.
El productor y piloto de dron Marcelo Peart aportó su experiencia tras varias campañas utilizando drones, especialmente en ambientes complejos.

“En zonas donde antes dependíamos de aviones o directamente no podíamos aplicar, hoy el dron nos permite trabajar con mucha más precisión y en el momento justo”, señaló.
Peart destacó además la rapidez operativa como una de las principales ventajas. “Después de una lluvia, si el lote es accesible, podemos entrar casi de inmediato. Con equipos terrestres eso es imposible y se pierden días clave”, explicó, remarcando el impacto que esto tiene en la eficiencia productiva.

Finalmente, subrayó el potencial de la tecnología en sistemas ganaderos. “No solo sirve para agricultura; en ganadería es una herramienta muy útil para controlar pajonales, arbustivas y hasta para la siembra aérea de pasturas. Se adapta perfectamente y mejora mucho el manejo del campo”, concluyó.








