Hay apellidos que quedaron grabados para siempre en la historia de la ganadería argentina.
Su tatarabuelo introdujo la raza Angus al país hace 147 años y hoy sigue escribiendo su historia en Palermo
En 1879, Carlos Francisco Guerrero Cueto introdujo al país los primeros ejemplares Aberdeen Angus, dando origen a una de las historias más emblemáticas de la ganadería argentina. Casi un siglo y medio después, su tataranieto, Carlos José Pestalardo Guerrero, mantiene vivo ese legado desde la cabaña "Charles de Guerrero", referente en genética bovina y protagonista permanente de la Exposición Rural de Palermo.

El de la familia Guerrero es uno de ellos. Hace 147 años, Carlos Francisco Guerrero Cueto trajo desde Escocia los primeros ejemplares de la raza Aberdeen Angus al país: dos vaquillonas y un toro que marcaron el punto de partida para el desarrollo de una genética que hoy domina gran parte de la producción de carne bovina argentina.
Casi un siglo y medio después, esa historia continúa vigente.

En la Exposición Rural de Palermo 2026, la cabaña Charles de Guerrero, de San Antonio de Areco, volvió a decir presente con la sexta generación de criadores al frente del establecimiento. Carlos José Pestalardo Guerrero, tataranieto del pionero, es quien hoy lidera el trabajo de una empresa familiar que combina tradición, mejoramiento genético e innovación permanente.
Un legado que impulsa a seguir creciendo
Para Carlos José, el peso de la historia no representa una carga, sino un compromiso.
"Siempre me preguntan si la historia pesa. Yo considero que es un respaldo y una marca para seguir superando. Lo más lindo es ver que, después de 147 años, la cabaña sigue a la vanguardia, compite en Palermo, obtiene premios y tiene una genética utilizada masivamente en todo el país", señaló.

Ingeniero en Producción Agropecuaria, destacó que el desafío consiste en mantener vigente una marca que fue protagonista del nacimiento del Angus argentino y que hoy continúa aportando reproductores de alto valor genético.
Actualmente, el establecimiento trabaja con 200 vacas de pedigree, 300 puras controladas y cerca de 2.000 madres, sobre las cuales desarrolla un programa de selección enfocado en la eficiencia productiva.
La genética como eje de un proyecto familiar
El mejoramiento genético es el principal motor de la cabaña. La selección apunta a obtener animales con mayor eficiencia de conversión, facilidad de parto, buen peso al destete y excelentes características de carcasa.
Ese trabajo permitió que la genética de Charles de Guerrero trascendiera los límites del establecimiento y sea utilizada tanto por otras cabañas como por productores comerciales de distintas regiones del país.

"Nos enorgullece que nuestra genética sea elegida por otras cabañas para producir sus reproductores y también por establecimientos comerciales dedicados a la producción de carne", destacó.
Para la familia, la incorporación permanente de nuevas herramientas de selección genética constituye una continuidad natural del espíritu innovador que caracterizó a su antepasado cuando introdujo la raza Angus en Argentina a fines del siglo XIX.
Palermo, una tradición que atraviesa generaciones
La Exposición Rural de Palermo ocupa un lugar especial en la historia de la familia. Distintas generaciones de los Guerrero recorrieron las pistas de la muestra más importante del país, obteniendo reconocimientos y consolidando el prestigio de la cabaña.
Carlos José recuerda especialmente la primera vez que ingresó a la pista junto a su abuelo y también el momento en que, con apenas 25 años, asumió la conducción de la empresa familiar.

"Es muy lindo estar acá. Llegar puede ser relativamente fácil; lo difícil es mantenerse. Y eso es lo que venimos a demostrar año tras año. Palermo es una gran vidriera, pero también un lugar de encuentro con clientes y amigos. Para nosotros es un orgullo enorme", expresó.
En cada exposición lo acompañan sus primos, tías y otros integrantes de la familia, quienes comparten una misma pasión por la ganadería y el mejoramiento de la raza.
"A esto lo llevo muy adentro. Es un trabajo que disfruto todos los días y tengo la suerte de ser plenamente consciente de eso", concluyó el criador, heredero de una tradición que comenzó hace 147 años con la llegada de tres animales desde Escocia y que hoy continúa proyectando el futuro del Angus argentino desde las pistas de Palermo.








