El asfalto que debía mejorar el Hungaroring terminó convirtiéndose en uno de los problemas del primer día de actividad del Gran Premio de Hungría. Los sectores renovados entre las curvas 1 y 12 presentaron menos adherencia, numerosas irregularidades y, según algunos pilotos, señales de deterioro desde las primeras prácticas.
Polémica en Hungaroring: el nuevo asfalto comenzó a deteriorarse
Los sectores renovados mostraron poco agarre, baches y un desgaste inesperado durante las prácticas. Russell afirmó que la superficie se está rompiendo en algunos puntos, mientras los equipos debieron cambiar la puesta a punto de sus autos.


La situación abrió interrogantes sobre el resultado de los trabajos realizados como parte de la modernización del circuito. No se trató solamente de una superficie con poco agarre por ser nueva: George Russell aseguró que el asfalto comenzó a romperse en algunos puntos, especialmente en las últimas curvas.
Por el momento no existe una advertencia oficial sobre un peligro para la realización de la competencia o un riesgo concreto de rotura de neumáticos. Sin embargo, los equipos seguirán atentamente la evolución de la pista porque el paso constante de los monoplazas podría agravar el deterioro.

Dos superficies en una misma vuelta
Convivir con diferentes tipos de asfalto representa una dificultad adicional para los pilotos. El auto puede encontrar un buen nivel de adherencia en una curva y perderlo repentinamente al ingresar en una de las zonas renovadas.
Esa variación vuelve menos previsible su comportamiento y complica la búsqueda de una configuración que funcione durante toda la vuelta, especialmente en un circuito donde los cambios de dirección se suceden casi sin descanso.
Oscar Piastri describió una superficie con poco agarre y un desgaste mayor al que podía esperarse después de una renovación.

“Las condiciones de la pista son bastante exigentes y hay mucho viento. Las partes nuevas del trazado no ofrecen demasiado agarre. No diría que se están rompiendo, pero están muy desgastadas”, explicó el piloto de McLaren.
Las fuertes ráfagas aumentaron las dificultades durante el viernes, pero no fueron las únicas responsables de la inestabilidad observada. Incluso cuando el viento disminuía, los autos reaccionaban de manera diferente al pasar del asfalto antiguo al nuevo.

Los baches cambiaron los planes
Varias escuderías esperaban utilizar configuraciones más rígidas para mantener estable la plataforma aerodinámica en las curvas de velocidad media y alta. Esa puesta a punto permite controlar mejor la altura del auto y el flujo de aire que pasa por debajo del piso.
Sin embargo, los baches alteraron esos planes. Un monoplaza demasiado rígido puede perder contacto con la superficie, volverse nervioso o golpear el piso contra el asfalto. Por eso, algunos equipos debieron suavizar la suspensión y revisar la altura de sus autos durante las prácticas.
La modificación también tiene un costo. Un auto más flexible puede absorber mejor las irregularidades y el paso por los pianitos, pero pierde parte de la estabilidad necesaria en las secuencias rápidas.
Ese compromiso fue una de las razones por las que varias escuderías encontraron dificultades para equilibrar sus monoplazas. Mercedes fue uno de los equipos más afectados y terminó el viernes lejos de Ferrari.

Russell apuntó directamente contra la superficie
Russell fue uno de los pilotos más contundentes al describir las condiciones del circuito. El británico señaló que el problema también apareció en las curvas finales, una zona clave para preparar la aceleración hacia la recta principal.
“Fue un día bastante extraño para todos. Budapest es una pista fantástica para conducir, pero reasfaltaron la mitad del circuito, está extremadamente bacheado y en varios puntos, especialmente en las últimas curvas, el asfalto se está rompiendo”, afirmó.
La declaración encendió la atención de los equipos. Si la superficie continúa cediendo, el nivel de adherencia puede cambiar entre una sesión y otra y obligar a realizar nuevos ajustes en la puesta a punto.
También podría complicar la preparación de los neumáticos para la clasificación. Las irregularidades aumentan los deslizamientos, elevan la temperatura de las cubiertas y hacen más difícil completar una vuelta limpia.

¿Puede agravarse el problema?
La respuesta comenzará a conocerse durante la actividad del sábado. Los autos de Fórmula 3, Fórmula 2 y Fórmula 1 acumularán una gran cantidad de vueltas antes y durante las respectivas competencias.
En condiciones normales, el paso de los monoplazas deposita goma sobre el circuito y mejora progresivamente la adherencia. Pero si la capa superior del nuevo asfalto comienza a desprenderse, esa evolución podría ser desigual y algunas zonas perderían consistencia.
Las declaraciones de Russell y Piastri describen por ahora una dificultad seria para la conducción y la configuración de los autos, pero no confirman que exista un problema de seguridad capaz de poner en riesgo el Gran Premio.
La pista será inspeccionada y todos observarán si aparecen nuevos desprendimientos durante la última práctica. Cualquier cambio en la superficie también podría modificar la relación de fuerzas del viernes, cuando Ferrari dominó y Mercedes sufrió especialmente sobre los baches.
El nuevo asfalto debía representar una mejora para el Hungaroring, pero su estreno dejó más preguntas que respuestas. Las irregularidades alteraron las configuraciones, la falta de agarre complicó a los pilotos y las primeras señales de deterioro obligarán a vigilar su evolución.
Todavía sería exagerado hablar de una amenaza concreta para la carrera. Sin embargo, una superficie recién renovada no debería mostrar este nivel de desgaste durante su primera jornada de actividad.
Si el deterioro avanza con el paso de las categorías, el estado del asfalto dejará de ser solamente un problema de rendimiento para convertirse en una preocupación mucho más seria para los organizadores.









