Como no podía ser de otra manera, la geografía del barrio de la Boca cambió su color. Del azul y amarillo tradicional de esas callecitas y esos lugares tan autóctonos y especiales que tiene este lugar tan particular de capital federal, se pasó al celeste y blanco con aspecto festivo, más distendido aunque no por eso abandonando el paso febril habitual que se observa a quienes se dirigen a un estadio de fútbol para ver un partido y desean ingresar cuánto antes para comenzar a disfrutar del espectáculo. En dos horas, las entradas se agotaron y no podía ser de otra manera: los campeones del mundo convocan. Y si es con Messi, ni hablar. Este partido con Perú no fue la excepción. Argentina jugó, juega y seguirá jugando a cancha llena.


































