Lejos de sus gloriosas horas de campeón mundial y, sin embargo, con la misma determinación que expresaba arriba de los cuadriláteros, Sergio Víctor Palma asume el deterioro que le produce la enfermedad de Parkinson y no pide tregua: “Trato de mantener una relación humana conmigo mismo y le agradezco a Dios cada día de mi vida”.
































