La Argentina tiene más puestos de trabajo que antes, pero el crecimiento se explica por modalidades que se alejan de la formalidad.
Más argentinos trabajan, menos lo hacen en blanco
El ministro destacó que durante la gestión de Milei se sumaron más de medio millón de puestos de trabajo, pero el desglose del informe del INDEC al que aludió muestra que el crecimiento se apoyó casi exclusivamente en el cuentapropismo, mientras el trabajo asalariado formal siguió cayendo.

El dato quedó instalado durante el fin de semana. “Durante la presidencia de @JMilei se crearon más de medio millón de puestos de trabajo. Nada, eso”, publicó Federico Sturzenegger, acompañado por un informe del INDEC que el propio presidente utilizó luego para confrontar al periodismo por la marcha de la economía.

La afirmación del Ministro de Desregulación contiene un dato real: hubo más puestos de trabajo. Pero al interior de esa estadística aparecen matices sobre el tipo de inserción laboral que explica ese crecimiento.
El informe anual que el INDEC publicó la semana pasada y al que hizo referencia el funcionario aporta elementos para desgranar la estadística.
Al interior del medio millón
Sturzenegger acompañó la publicación con un gráfico que muestra la evolución de 22,375 millones de puestos en el primer trimestre de 2023 a 22,885 millones en el primero de 2026. La imagen destaca los 509.876 puestos laborales en ascenso.
Pero hay una particularidad: el punto inicial elegido es el primer trimestre de 2023, varios meses antes de que Milei asumiera la Presidencia. Si en el mismo gráfico se toma como referencia el primer trimestre de 2024 —el primero íntegramente transcurrido bajo la actual administración—, el incremento es de unos 463.000. No invalida la expansión, pero queda por debajo del medio millón al que hace referencia.

El dato trimestral que utilizó Sturzenegger surge de la "Cuenta de generación del ingreso e insumo de mano de obra", publicada por el INDEC en julio y correspondiente al primer trimestre de 2026. Pero el informe publicado la semana pasada "Remuneración al trabajo asalariado..." contempla una medición anualizada y, por eso, magnitudes diferentes: al completar 2023 había 22.491.740 puestos de trabajo; en 2024 fueron 22.530.602 y en 2025 llegaron a 22.730.304: 238.564 puestos más. Para el de 2026, habrá que esperar.
De todas formas, el crecimiento existió. Lo que cambia sustancialmente al confrontar los datos duros es su composición. Saldada la cuestión de la cantidad, el debate se centró en la calidad.
El sector formal se achicó
Continuando con la lectura anualizada, en 2023, la mitad de los puestos de la economía correspondía a asalariados registrados: 11.236.910. Dos años después estos bajaron a 11.052.521 y su participación se redujo al 48,6%. Son 184.389 puestos formales menos.
La contracara apareció fuera de ese segmento. Los asalariados no registrados pasaron de 5.542.538 a 5.595.322, unos 52.800 más. Y los no asalariados —donde se ubica el cuentapropismo— crecieron mucho más: de 5.712.293 a 6.082.462, una expansión superior a 370.000 puestos.
Durante 2025 fue similar. El total aumentó en casi 200.000 puestos respecto de 2024, pero los asalariados registrados disminuyeron en 54.836. Al mismo tiempo, hubo 29.648 no registrados más y casi 225.000 nuevos puestos no asalariados. Los datos de 2024 habían contabilizado 11.107.357 registrados, 5.565.674 no registrados y 5.857.571 no asalariados.

Esos números explican que casi todo el crecimiento neto del último año ocurrió por fuera del empleo asalariado registrado. El propio Sturzenegger concedió este punto en el artículo titulado Más allá del ruido, que también publicó el fin de semana, buscando contrarrestar con datos los relatos sobre la gestión libertaria: “Respecto a que caen los asalariados formales aún cuando se hayan sumado 500.000 empleos, es cierto”, escribió.
También ensayó una interpretación del fenómeno: sostuvo que parte de la explicación está en la “expansión del monotributo aprobada por el Congreso en la Ley Bases que facilitó que la gente migrara a esta modalidad con menos carga tributaria” y como respuesta del mercado buscando modalidades más flexibles de trabajo. La categoría “no asalariado” del INDEC, sin embargo, es más amplia que el monotributo: el organismo la define como trabajadores por cuenta propia o propietarios de empresas no constituidas en sociedades en las que trabajan. Así, los datos oficiales sostienen la tesis de que crece el trabajo independiente, más no certifican cuánto de ese crecimiento corresponde específicamente a monotributistas.
Fantino y la paradoja del pluriempleo
En medio de la discusión apareció Alejandro Fantino con una defensa del pluriempleo que terminó aportando, quizá involuntariamente, una explicación metodológica clave, aunque contraria a la visión del gobierno.
“En todo el mundo se tienen dos trabajos”, sostuvo el periodista al proponer que no tiene nada de malo que una persona busque un segundo empleo para buscar mejorar su situación económica. “Tal vez te tenés que dar cuenta, fuera de la caverna, que no alcanza con un solo trabajo”, planteó enfáticamente. Y citó como ejemplo un profesional calificado como un médico que haga horas extras como mesero en un bar para comprarse un auto o remodelar la casa.

La tesis de Fantino entró en la zona de discusión típica de las redes sociales. En cambio, siguiendo con el citado informe del INDEC, es una afirmación estadísticamente relevante, ya que aclara expresamente qué un puesto de trabajo es el vínculo entre una persona y una unidad productiva. “Las personas pueden desempeñarse en más de un puesto de trabajo, por lo que la cantidad de puestos supera a la cantidad de personas ocupadas”, precisa.
Así, una persona con dos empleos representa dos puestos en esta estadística. Esto no significa que el aumento registrado por el organismo responda al pluriempleo: los informes no permiten cuantificar cuánto de la variación proviene de trabajadores que agregaron una segunda actividad. Pero sí impide traducir automáticamente “500.000 puestos más” sean “500.000 personas que consiguieron trabajo”.

La medición de horas que incorpora el estudio agrega otra capa. En 2023 se contabilizaron 34.679 millones de horas trabajadas, mientras que en 2025 fueron 34.910 millones. El insumo laboral agregado creció alrededor de 231 millones de horas, menos de 1%. Sin embargo, el promedio anual por puesto se movió en dirección contraria: bajó de 1.542 horas en 2023 a 1.536 en 2025. El país tuvo entonces, en términos estadísticos, más puestos y acumuló más horas trabajadas, pero cada puesto demandó en promedio ligeramente menos horas.
Con rostro de mujer
Buena parte de la transformación se explica al separar por sexo. Crecieron entre 2023 y 2025 los puestos ocupados de 9.829.837 a 10.077.076: son unos 247.000 más. Entre los varones, en cambio, el número quedó prácticamente igual, incluso ligeramente por debajo del registro de 2023.
Siguiendo la línea de análisis, la expansión femenina está concentrada fuera del empleo formal. Los puestos no asalariados ocupados por mujeres saltaron de 2.027.909 a 2.291.160, más de 263.000 adicionales, mientras los asalariados registrados femeninos disminuyeron en unas 47.000 posiciones.
Comercio, servicios personales, actividades profesionales y pequeños emprendimientos aparecen entre los espacios capaces de absorber esa mayor presencia del cuentapropismo femenino, que se puede explicar aunque el informe no lo detalla por el visible crecimiento de trabajos profesionales freelance, elaboración de productos caseros o ventas de indumentaria por internet.










