El Fondo Monetario Internacional respaldó en Bangkok el sendero fiscal del Gobierno de Javier Milei, al mismo tiempo que reconoció la debilidad de la economía real que ya había comenzado a observar durante la tercera revisión del acuerdo.
Caputo y Georgieva revisaron la letra chica del programa económico
La titular del Fondo destacó la "disciplina fiscal" argentina, aunque previamente el organismo redujo en un 40% su previsión de expansión para el país en 2026. El gobierno aguarda la aprobación de la tercera revisión y el posterior desembolso.

La nueva edición del World Economic Outlook redujo de 3,5% a 2,1% la proyección de crecimiento de Argentina para 2026. Son 1,4 puntos menos que en julio y una corrección de 40% sobre aquella estimación. Para 2027, el organismo también bajó su previsión, de 4% a 3,5%.

La explicación fue más allá del contexto internacional. Petya Koeva Brooks, subdirectora del Departamento de Investigación del Fondo, señaló durante la presentación que la revisión responde a una actividad más débil de lo esperado, menor demanda doméstica y condiciones financieras internas que permanecieron restrictivas.
El diagnóstico termina de confirmar un cambio que comenzó a percibirse durante septiembre. En la segunda revisión del programa, aprobada en mayo, el Fondo todavía proyectaba una expansión de 3,5% sostenida por una “robusta inversión privada”, exportaciones primarias y una recuperación de la construcción. Aquel informe ya advertía, sin embargo, que la actividad y el empleo se habían desacelerado desde mediados de 2025 en un contexto de crédito ajustado.

El 1° de octubre, luego de la misión técnica que visitó Buenos Aires, la vocera Julie Kozack dio un paso más en esa interpretación: la semana pasada en conferencia confirmó que la actividad, su impacto sobre los ingresos fiscales y la necesidad de extender el crecimiento fuera de energía, minería y agricultura formaban parte de las conversaciones con el Gobierno.
Respaldo al ancla
El reconocimiento de esa debilidad no llevó al FMI a cuestionar uno de los pilares del programa.
Horas después de difundirse el WEO, Kristalina Georgieva se reunió con Luis Caputo y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili. La directora gerente calificó el encuentro como “excelente” y destacó las mejoras en los fundamentos y la resiliencia de la economía argentina, “ancladas en la disciplina fiscal”, mientras otros países enfrentan elevados déficits.
Caputo respondió, a través de un tuit en inglés, agradeciendo públicamente a Georgieva por su “apoyo y confianza”.

El mensaje expone las dos caras que hoy conviven en la evaluación del organismo: preservar la estabilidad fiscal continúa siendo una condición central, pero el desafío pasó a ser cómo transformar esa estabilización en inversión, crédito, empleo y una recuperación menos concentrada sectorialmente.
El propio staff ya había planteado esa tensión en mayo. El informe de la segunda revisión sostuvo que las políticas debían fortalecer el ancla fiscal y, al mismo tiempo, mejorar el funcionamiento de los mercados para alcanzar un crecimiento “más sostenible y resiliente”. También señaló como riesgo doméstico que un deterioro del empleo y los ingresos reales pudiera ralentizar el avance de las reformas.

Además, Georgieva dejó otra definición después de reunirse con Caputo: los equipos del Fondo y de Argentina “están trabajando estrechamente para finalizar las discusiones de la tercera revisión”. El respaldo quedó ratificado en Bangkok, aunque el examen técnico sigue pendiente, a la espera del desembolso.
Privados más cautos
El nuevo 2,1% del FMI supone un ajuste importante, pero todavía se ubica por encima de algunas de las estimaciones privadas conocidas en los últimos días.
FIEL calculó que el crecimiento de 2026 podría terminar incluso por debajo de 1,5%. Su último informe sostiene que el tercer trimestre probablemente volvió a registrar una variación negativa desestacionalizada y que el segundo semestre mostrará una expansión interanual sensiblemente menor que la primera mitad del año.
El IERAL de Fundación Mediterránea también advirtió que la debilidad del consumo, la inversión y el empleo comenzó antes de que se intensificara la incertidumbre política de los últimos meses. El análisis, que fue elogiado por Domingo Cavallo, plantea que hay evidencias para hablar de un "sobreajuste de la economía".

Sin embargo, también señala elementos de recuperación: expectativas de inflación y devaluación todavía contenidas en torno al 23-25% anual y cierta mejora reciente en consumo, recaudación vinculada al mercado interno y crédito. Para el cuarto trimestre espera además que el agro vuelva a funcionar como “locomotora” de la actividad.
La discusión, por lo tanto, ya no pasa por si la estabilización macroeconómica produjo resultados. El FMI sigue destacando el superávit fiscal y la recomposición de los fundamentos. El interrogante está en cuándo esos resultados pueden trasladarse al resto de la economía.

También el Gobierno reconoce ahora que el crecimiento será menor al inicialmente proyectado, aunque Javier Milei atribuyó buena parte de la desaceleración a factores externos y a la incertidumbre política doméstica, y rechazó que las caídas trimestrales permitan hablar de una recesión significativa.
El Fondo espera que la actividad comience a recuperar impulso hacia el cierre del año y se fortalezca en 2027, apoyada en exportaciones agropecuarias y energéticas, mejores condiciones financieras e inversión. Es justamente ahí donde vuelve a aparecer la heterogeneidad que Kozack había señalado: los sectores con mayor capacidad exportadora continúan sosteniendo buena parte de las perspectivas de expansión.










