El informe sobre Evolución de la distribución del ingreso que publicó este jueves el INDEC como balance del primer trimestre de 2026, ofrece un mapa de la estructura socioeconómica de la Argentina al comenzar el tercer año de gestión del gobierno libertario.
El mapa de ingresos ubicó a la mitad de los ocupados por debajo de $900.000
El organismo estadístico registró que al primer trimestre del año el ingreso mediano de la población ocupada no llegó al millón de pesos. Informó, además, una suba del coeficiente de Gini, que llegó a 0,442 y marcó una mayor desigualdad en el reparto.

En los 31 aglomerados urbanos relevados por la Encuesta Permanente de Hogares, la suma total de ingresos de la población de referencia alcanzó los $21.909.502 millones, con un incremento nominal de 35,6% frente al mismo trimestre de 2025.
Sin embargo, la torta de ingresos se repartió de forma más dispar. El Coeficiente de Gini —indicador que mide la desigualdad donde 0 es igualdad absoluta y 1 significa la mayor exclusión— se ubicó en 0,442, alcanzando el nivel más alto desde el inicio de 2024, ampliando la distancia entre los que más ganan de los que menos.
A esta medición se suma el incremento de la brecha en la concentración de la riqueza. Según el reporte, la distancia entre la mediana del decil 10 (el 10% más rico) y el decil 1 (el 10% más pobre) de ingreso per cápita familiar de la población fue de 15 veces. Esta relación se mantuvo respecto al primer trimestre del año anterior, consolidando un piso de desigualdad.
El umbral del millón
Uno de los núcleos de este informe es la distinción entre el promedio y la realidad diaria. Si se toma a las personas que percibieron algún tipo de ingreso, el promedio individual fue de $1.153.457. Pero entre los ocupados, el ingreso fue de $900.000 en la mediana percibida por la ocupación principal, lo que es "equivalente al límite superior de ingresos del decil 5, bajo el cual se sitúa el 50% de las personas ocupadas”.

Es decir que, según la medición elaborada por el organismo estadístico, la mitad de los trabajadores argentinos percibió 900 mil pesos o menos mensualmente durante el inicio de este año. Así, el "millón" de pesos siguió siendo un umbral para la mitad de la población ocupada.
Pero, de nuevo, la brecha de ingresos se refleja con más claridad al medir los extremos de la fuerza laboral. El reporte del INDEC detalla que el ingreso promedio del estrato bajo (deciles 1 a 4) fue de apenas $405.245, mientras que en el estrato alto (deciles 9 y 10) esa cifra trepó a $2.579.304.
Género y formalidad
La desigualdad también se percibe según el género y el tipo de condición laboral. Los varones tuvieron un ingreso promedio de $1.352.247, mientras que el de las mujeres fue de $959.030. Así, la disparidad de género en el inicio del 2026 fue del 29,1%, mostrando a las mujeres proporcionalmente en la base de la pirámide laboral. La comparación marca una leve baja frente al 29,6% del cuarto trimestre de 2025, pero por encima del 27,8% registrado en el primer trimestre del año pasado.

Por otro lado, la segmentación según tipo de condición en la relación laboral muestra una estructura partida al medio. Entre los asalariados, quienes cuentan con descuento jubilatorio percibieron un promedio de $1.375.143, mientras que quienes no lo tienen quedaron en $731.150. Es decir, un trabajador "en negro" percibe, en promedio, casi la mitad que uno registrado. El informe remarcó, además, que los primeros crecieron 35,9% interanual y los segundos un 51,3%.
El peso de la dependencia
Un dato que ayuda a entender cómo se sostienen los hogares de menores recursos es el peso de los ingresos no laborales, como jubilaciones, pensiones y ayuda social. En el promedio general, estos representan el 22,3% de los ingresos totales de los hogares. Sin embargo, en el decil 1 (el más bajo), ese aporte llega a ser del 61%, mientras que en el decil 10 cae al 15,6%.

De esta manera calcula el organismo la carga económica que pesa sobre los hogares de menores ingresos de la Argentina: por cada 100 ocupados en el decil más pobre, hay 272 personas que no tienen trabajo y dependen de esos ingresos. Mientras que en el extremo opuesto, la carga es de apenas 48 personas por cada 100 ocupados.










