Elegir una carrera también es elegir una forma de atravesar los próximos años. Vas a entrar a aulas nuevas, conocer personas, descubrir disciplinas que quizá hoy apenas conocés y, con suerte, empezar a imaginarte haciendo algo que todavía resulta lejano. Pero detrás de cada plan de estudios aparece otra pregunta menos visible: ¿qué tipo de profesional —y de persona— espera formar esa universidad cuando llegue el momento de egresar?
Qué profesionales esperan formar las universidades en los jóvenes que hoy empiezan a estudiar
La rectora de la UNL, Laura Tarabella; el rector de la UCSF, Eugenio Martín De Palma; y el decano de la UTN Santa Fe, Alejandro Toffolo, reflexionan sobre qué conocimientos, valores y capacidades debería llevarse quien hoy comienza una carrera. Desde tradiciones diferentes, coinciden en una idea: frente a un futuro difícil de anticipar, la universidad debe enseñar mucho más que una profesión.

La pregunta adquiere otra dimensión en una época en la que la IA modifica tareas en cuestión de meses, las profesiones se transforman mientras se ejercen y nadie puede asegurarte cómo será exactamente el trabajo dentro de diez o veinte años.
Para pensar esa incertidumbre, Educación SF convocó a quienes hoy conducen las tres principales universidades con sede en la ciudad: Laura Tarabella, rectora de la Universidad Nacional del Litoral; Eugenio Martín De Palma, rector de la Universidad Católica de Santa Fe; y Alejandro Toffolo, decano de la Facultad Regional Santa Fe de la Universidad Tecnológica Nacional.
Sus instituciones tienen historias, identidades y modos de entender la formación diferentes. También forman profesionales en campos muy diversos. Pero sus respuestas encuentran varios puntos de contacto: aprender a pensar, sostener principios éticos, adaptarse, relacionarse con otros, comprender los cambios y conservar la capacidad de seguir aprendiendo mucho después de obtener un título.
Estudiar en un mundo que quiere todo rápido
Tarabella empieza por una tensión que probablemente conozcas antes incluso de pisar la universidad. “Vivimos en una sociedad que nos exige rapidez, resultados inmediatos y éxito, sin valorar los procesos. Es un mundo mediado por tecnologías, en el que todo es perentorio y las redes sociales muestran vidas editadas”, plantea.
En ese escenario, permanecer varios años estudiando, avanzando de a poco y aceptando que aprender requiere tiempo adquiere para la rectora de la UNL un significado particular. “Decidir y estudiar durante años una carrera universitaria es casi un acto contracultural. Formarse realmente lleva tiempo y es indispensable dedicar ese esfuerzo; son decisiones que marcan nuestras vidas”.

La tecnología no desaparece de esa formación. Al contrario. La UNL trabaja sobre los desafíos de la inteligencia artificial generativa y acaba de integrarse con otras nueve instituciones para crear un Doctorado en Inteligencia Artificial Aplicada. Pero para Tarabella la respuesta universitaria no puede reducirse a incorporar la herramienta más reciente. El profesional que imagina debe poder comprender “la relación entre el conocimiento científico y otras formas de saberes” y abordar la complejidad “desde principios y concepciones éticas”.

En la UCSF, De Palma parte prácticamente del mismo punto desde otra tradición. “La universidad no debe perder su esencia, que es la capacidad de formar un pensamiento crítico, más allá de los vaivenes que puedan tener las distintas profesiones o los avances tecnológicos”, sostiene. Y agrega dos dimensiones que para él resultan inseparables: que ese pensamiento sea “humano y ético”, que ponga a la persona en el centro y que el conocimiento adquirido pueda orientarse hacia el bien común.
Toffolo, desde una universidad identificada históricamente con las ingenierías y el desarrollo tecnológico, tampoco define al profesional del futuro exclusivamente por aquello que sea capaz de hacer técnicamente. Habla de una fuerte base de gestión tecnológica y conocimientos específicos, pero inmediatamente suma “la posibilidad de adaptarse a los cambios permanentes”. Porque resolver mejor un proceso, explica, ya no alcanza si esa solución no contempla también “el cuidado del medio ambiente, el cuidado de las personas que trabajan” y su impacto sobre la calidad de vida y el desarrollo de una región.
Tres identidades para una misma misión
Las coincidencias no borran las diferencias. Cuando cada uno describió qué distingue al profesional formado en su universidad, aparecen con nitidez las historias institucionales.
Tarabella habla de una UNL atravesada por el compromiso social, la rigurosidad ética, la autonomía y una cierta incomodidad frente a lo establecido. “Como parte de la UNL, está en nuestro ADN ser inconformistas: somos profesionales curiosos e inquietos para poder anticiparnos a las nuevas necesidades y asumir roles activos”. Su referencia es el histórico lema de la Universidad, Lux Indeficiens, la luz del conocimiento que no se extingue: “Es el conocimiento que permite transformar realidades y mitigar desigualdades; de esto hablamos cuando decimos que formamos profesionales y ciudadanos críticos capaces de leer el presente para desarrollar respuestas”.

Hay, además, una preocupación especialmente marcada por la convivencia democrática. Tarabella incorpora entre las capacidades necesarias el diálogo, la escucha y el reconocimiento del otro aun cuando piense distinto. “La Universidad, como institución educativa pública, tiene un fin social mayor: la formación de ciudadanos plenos, capaces, autónomos, creativos y críticos”.
En la UCSF, De Palma pone el énfasis en una característica que considera una “marca registrada” de la institución: la formación personalizada. La describe como “una auténtica comunidad de maestros y discípulos”, donde profesores y estudiantes se conocen por sus nombres, comparten conocimientos y pueden aprender mutuamente. “No solamente los alumnos aprenden de sus profesores; nosotros, los profesores, también muchas veces aprendemos de nuestros alumnos”, sostiene.

Esa cercanía es, para el rector, parte del valor que la Católica debe conservar incluso mientras cambia. “Es la marca que siempre ha tenido la Universidad, la distingue, la cualifica y uno quiere que la siga teniendo, aggiornándose a los tiempos actuales y a las exigencias del mundo de hoy. Pero esa calidez familiar tiene que seguir estando”.
La UTN encuentra su rasgo distintivo en conectar lo que pasa en las aulas con lo que ocurre afuera. Toffolo destaca que muchos docentes de Ingeniería trabajan profesionalmente o tienen empresas donde aplican aquello que también enseñan. “Esa cercanía entre el docente profesional y el alumno es lo que le da un valor agregado a la formación dentro de la UTN”. Y espera que el circuito continúe después de la graduación: que quienes pasaron por esas aulas regresen en algún momento con el conocimiento adquirido en industrias, empresas y actividades productivas para transmitirlo a nuevas generaciones.
Qué esperan que te lleves
Al final, todas las preguntas desembocan en algo mucho más elemental: ¿Qué esperan estas autoridades que haya cambiado en vos cuando salgas de la universidad algunos años después de haber entrado?

Toffolo habla de conocimientos y saberes, pero también de “amigos, recuerdos” y una forma de pensamiento diferente de aquella con la que empezaste. Espera profesionales que trabajen éticamente, piensen en el ambiente y colaboren con una sociedad mejor.
De Palma quisiera que la universidad haya alimentado la curiosidad por aquello que elegiste y que te haya permitido desarrollarte plenamente dentro de ese campo, sin quedar atrapado por prejuicios sobre lo que supuestamente tendrá o no tendrá futuro.
Tarabella imagina algo similar desde la tradición de la universidad pública. “Me gustaría que cuando termine su paso por la UNL se lleve mucho más que un saber profesional: que pueda desarrollar y afianzar una mirada crítica y sensible de la realidad, la capacidad de adaptarse a lo desconocido y el compromiso de poner su conocimiento al servicio de la sociedad”.
Es posible que cuando termines la carrera que estás por elegir algunas herramientas que hoy parecen indispensables ya hayan sido reemplazadas. También que aparezcan trabajos cuyos nombres todavía no conocés y que ciertas tareas que hoy definen una profesión hayan cambiado por completo. Ninguno de los tres promete evitar esa incertidumbre. Lo que esperan es otra cosa: que después de pasar por una universidad tengas más herramientas para atravesarla.
Aprender algo que todavía no existe
Hay una certeza incómoda para cualquier ingresante: parte de lo que vas a necesitar durante tu vida profesional todavía no puede enseñártelo nadie porque sencillamente no existe.
Toffolo cuenta que lo experimentó durante su propia formación en Ingeniería en Sistemas de Información. “El plan de estudio de mi carrera, a lo largo de lo que yo estudiaba, fue inclusive adaptándose a las nuevas tecnologías”, recordó.

Por eso, sintetiza una de las tareas de la universidad en una fórmula sencilla: “enseñamos a aprender”. Esto no significa abandonar los conocimientos técnicos, sino ofrecer una estructura mental para poder incorporar otros nuevos. “Tenemos que preparar profesionales en las distintas ingenierías que tengan esa capacidad de aprender, de adaptarse y de estar siempre atentos a los cambios”. E introduce una palabra que pocas veces aparece en los folletos de ingreso: equivocarse. “Trabajamos fuertemente para que nuestros jóvenes aprendan también de esos errores, que se animen a equivocarse y entiendan que eso es parte del proceso de formación”.
Tarabella lleva esa necesidad de adaptación al propio diseño de las carreras. La UNL trabaja en la implementación del Sistema Argentino de Créditos Académicos Universitarios (SACAU), con el objetivo de flexibilizar recorridos, facilitar la movilidad entre propuestas y contemplar no solamente el tiempo de interacción entre docentes y alumnos, sino también el aprendizaje autónomo.

Para la rectora, las nuevas trayectorias universitarias estarán distribuidas “en múltiples espacios y tiempos”, con mayor flexibilidad, interdisciplinariedad y combinaciones entre actividades sincrónicas y asincrónicas. Y menciona otra transformación: una vez recibido, probablemente vuelvas muchas veces a estudiar. “La innovación pedagógica, la mediación tecnológica y los entornos híbridos ya no son opciones: son obligaciones”, afirma. Ubica, además, la expansión de diplomaturas y microcredenciales capaces de acreditar competencias específicas a lo largo de recorridos profesionales más cambiantes.
De Palma también observa con interés la flexibilización de los planes de estudio y el sistema de créditos. Considera que determinadas carreras necesitan preservar conocimientos “supertroncales”, pero que otros componentes de la formación pueden admitir recorridos diferentes. “Hay otros conocimientos que son alternativos y pueden ser tan válidos unos como otros. Eso sí tenemos que estar muy abiertos porque estamos en un mundo cambiante y globalizado”.
Para el rector de la UCSF, incluso la propia idea de pertenecer exclusivamente a una universidad empieza a modificarse con las experiencias de intercambio y movilidad. “El alumno cada día más es un alumno de una universidad, pero también es un alumno de universidades del mundo”.
Lo que no aparece en el título
Aunque buena parte de la discusión sobre educación suele concentrarse en planes, contenidos y duración de las carreras, cuando se les pide que hablen directamente con un futuro ingresante los tres terminan poniendo en primer plano algo menos mensurable: la vida universitaria.
Tarabella la define como “un espacio de libertad, de encuentro con otros y de descubrimiento personal”. “La universidad no sólo puede brindarle un título o una formación específica en un campo del conocimiento. Es el lugar para lograr herramientas y competencias para aprender a dudar, a preguntar y a construir su propio criterio”.

De Palma aconseja que la primera búsqueda sea más personal. “El joven tiene que buscar sentirse pleno en lo que va a estudiar, que le guste lo que va a estudiar, más allá de las millones de cosas que se dicen de una cosa y otra”. No desconoce que el mercado laboral influye ni que algunas profesiones pueden transformarse profundamente. Pero desconfía de las sentencias definitivas sobre cuáles “van a servir” y cuáles dejarán de hacerlo.
El rector de la UCSF recuerda, por ejemplo, que mientras se anuncia periódicamente que abogados o contadores serán desplazados por la tecnología, empresas internacionales siguen contratando profesionales argentinos de esas mismas disciplinas. “Todos los saberes que tiene la universidad, en definitiva, son saberes del interés del hombre. Uno tiene que seguir ese interés que tiene por un saber, no ser prejuicioso y adaptarse a los cambios cuando los cambios vayan surgiendo”.

Toffolo utiliza una palabra similar: pasión. Destaca que cuando visita escuelas secundarias suele comenzar con la misma recomendación: “Traten de identificar qué es lo que más les gusta hacer”. “En función de eso, estudien lo que más se asemeja a lo que les gusta hacer o a aquella actividad que les despierta pasión. Esa es una buena base para decir que lo que voy a estudiar realmente me inspira y me da satisfacción”.
Y agrega el decano de la UTN Santa Fe algo que quizás no figure entre los criterios que llevás anotados cuando comparás carreras: buscá también gente. “Debería buscar amistades, relaciones y pertenecer a una comunidad que lo va a acompañar por el resto de su vida”. Esos vínculos, explica, muchas veces reaparecen años después convertidos en emprendimientos, sociedades profesionales, proyectos de investigación o simplemente en una red de personas con las que se comparte una manera de entender el trabajo.











