Desde que se inició la cuarentena en Argentina y se suspendieron las clases (el 19 de marzo), hasta que se aprobó el protocolo (19 de mayo), los alumnos santafesinos con dificultades para el aprendizaje estuvieron librados a su suerte: sin atención psicopedagógica -o con la poca que los profesionales pudieron brindar online-; con poca o ninguna contemplación por parte de las escuelas; muchos sin acceso a la tecnología; y otros tantos con papás que no pueden o no saben cómo asistirlos, “perdieron” casi tres meses de actividades educativas. Todo esto, sumado a las consecuencias propias del aislamiento social.



































