Es viernes por la noche y después de disfrutar de unos tragos con amigos es momento de volver a casa. Es tarde. El cansancio acumulado del día y el efecto del alcohol se sienten sobre el cuerpo, pero sin dudarlo, el conductor pone en marcha el auto y circula por calles y grandes avenidas. El auto avanza pero lentamente el conductor va perdiendo sus reflejos: se le cierran los ojos y siente una distorsión de la realidad.


































