Desde la Secretaría de Recursos Hídricos de la provincia, hicieron –con tecnología actual- lo que nuestros abuelos campesinos hacían con anotaciones manuales en sus libretitas: sumar los milímetros de agua caída. La cuenta, asusta. En cuatro meses, ya precipitó más agua que el promedio habitual de todo el año, cuando aún faltan ocho meses para que termine este húmedo 2026.
En sólo cuatro meses, ya llovió más que la media anual en la provincia
El gobierno confirmó con datos precisos lo que ha venido sucediendo por estos días en distintas partes del territorio provincial: hay marcado exceso hídrico, a partir de lluvias muy por encima del promedio. Desde enero a abril, la provincia acumula más de 900 mm de lluvia. Y en algunos casos, más de 1.100. Más que el promedio de todo el año…y faltan ocho meses.

Incluso, esos registros, que a veces se concentran en una zona, en este caso el “mapa” de lluvias muestra que han sido castigados por igual localidades del extremo norte de la provincia, del centro o del sur.

Porque Villa Minetti está en el noroeste (9 de Julio); Fortin Olmos (Vera), Reconquista (General Obligado) en el noreste, entre las más castigadas. Pero un poquito “más abajo en el mapa”, los departamentos San Cristóbal, San Justo y San Javier también recibieron mucha agua. Constanza (San Cristóbal); Vera y Pintado y Gobernador Crespo (San Justo); Colonia Teresa y Alejandra (en San Javier), son ejemplos.
Pero también en las sureñas Correa y Cañada de Gómez (departamento Iriondo) llovió mucho; como sucedió en Casilda (departamento Caseros) y en Melincué (departamento General López, en el “sur-sur” de la provincia). Es decir: en todo el territorio provincial hubo precipitaciones bastante por encima de la media.
Tomo por ejemplo el caso de Villa Minetti, en el departamento 9 de Julio, donde trabajosamente el promedio anual habitual puede llegar a 900 mm. de lluvia o menos. Pues, desde el gobierno provincial informan que en estos primeros 120 días del año, ya precipitó más que esa cifra: 1.030 mm.
Y si lo comparamos con un año “Niña” reciente (habitualmente más seco, y que suele castigar al noroeste de nuestra provincia), como lo fue 2022, lo caído ahora en la zona en cuatro meses, prácticamente duplica el registro de todo ese año, donde sólo llovió en promedio por debajo de 600 milímetros…
Los Bajos Submeridionales
Puede darse, entonces, como sucede ahora, que zonas que suelen soportar feroces sequías, tengan ahora excesos hídricos marcados. Es el caso de los Bajos Sumeridionales, una región de la provincia totalmente distinta al resto, con características propias, que involucra distritos de la provincia de Santa Fe, mayoritariamente, pero también de Chaco y de Santiago del Estero.
Esta zona, que no tiene el apelativo de “Bajos” gratuitamente, tiene mínima o nula pendiente en parte. Son más de cinco millones de hectáreas, escasamente pobladas, que sufren alternativamente ciclos de sequía (a veces extrema) y de exceso de lluvias. De hecho, los Bajos, son técnicamente un humedal, aunque muchas veces no hay agua. Y otras muchas, como sucede ahora, se cargan, y entonces los productores deben gestionar excedentes hídricos en vez de sequía. Difícilmente llueva “justo” o de “diseño” en esa vasta región, donde la mayor explotación es ganadera.
Para visualizar esa zona, que toma buena parte del departamento Vera y 9 de Julio (de los menos poblados de la provincia), hay que imaginarse un plato: los bordes este y oeste son algo más elevados (allí están las principales localidades y también la zona más fértil) y en el centro está la parte más baja.

Quizás algunos recuerden la denominada Guerra del Agua, que tiene varios episodios (tantos como años Niño con excesos hídricos, que desde Santiago del Estero y Chaco derivan a Santa Fe), pero uno de los más sonados fue en 1998, donde productores chaqueños cortaron caminos en el límite con Santa Fe, para que el agua acumulada fluya hacia nuestra provincia, inundando los campos. Hubo enfrentamientos, disparos, intervención de fuerzas de seguridad…
No sólo es la lluvia
No se trata sólo de registros excepcionales de lluvia. Se trata del “funcionamiento” hídrico de nuestra provincia, que recibe, recoge –y “sufre”- las consecuencias de esas precipitaciones. Toda esa agua busca el Paraná. Y nuestra provincia, es la que más kilómetros tiene sobre el sistema del Paraná: más de 700, en los que “aterrizan” incontables ríos y arroyos por los que bajan el excedente propio (como puede ser el arroyo El Rey en el norte o el Pavón en el sur) y el de otros territorios. El Salado es el ejemplo más claro; también el Carcarañá, que desciende desde Córdoba. Esa deriva tiene en general dirección desde noroeste hacia el sureste y compromete a las múltiples localidades que están a la vera del sistema del Paraná. Porque, aunque se trate del Reconquista, del San Javier o del Coronda, todos ellos “son” del Paraná.
O sea que el exceso hídrico pone primero en jaque a las localidades que recibieron directamente el embate de esas lluvias de 200 o más milímetros en cuestión de horas. Y después, también, debe aguantarse el discurrir de todo ese excedente hacia el Paraná.
Así suele ocurrir que el arroyo El Rey que divide Avellaneda y Reconquista (más de cien mil personas viven allí), suele preocupar a barrios de esta segunda ciudad. O, en el centro de la provincia, el exceso de agua que viene por el habitualmente inofensivo Colastiné, es capaz de cortar la autopista entre Santa Fe y Rosario. Y el “tranquilo” Pavón es capaz de cortar, nada menos, la ruta más importante del país, la autopista de la 9, que une a Buenos Aires-Rosario y Córdoba…

Estado ausente y Estado presente
El agua, incluso a veces el exceso de agua, no es necesariamente una mala noticia para el campo. Ni para los Bajos norteños, que en general padecen la falta de lluvias. Se recargan las aguadas y las lagunas, y luego que el agua se retira queda, según las zonas, un pelo de pastura que la ganadería (hoy en un buen momento) agradece.

Pero el exceso de agua es un problema para los centros urbanos y para las administraciones, también. Obliga a los gobiernos a estar muy atentos, a monitorear defensas, a limpiar constantemente los canales, a mantener bombas, a tener un equipo profesional ante las emergencias.
En esta ocasión, el gobierno provincial sabe que debe enfrentar prácticamente solo cualquier situación. El gobierno nacional, que ya desertó del mantenimiento de las rutas nacionales, que ya se sacó de encima planes de salud, remedios, entre otros muchos etcéteras. Que ya hizo caer el acueducto hacia el noroeste de la provincia (la otra pata hídrica del asunto: llevar agua segura y de calidad a los sitios que no la tienen), no va a ayudar demasiado.
Incluso, hasta el gobierno de Alberto Fernández, que está lejos de ser recordado como bueno, tuvo “presencia” y coordinación en los Bajos, propuso reuniones de las que participaron las tres provincias involucradas (la más importante, en agosto de 2022, en Tostado, donde estuvieron el entonces jefe de Gabinete, Juan Manzur; los ministros nacionales Wado de Pedro y Katopodis y los gobernadores de Santa Fe, Santiago del Estero y Chaco: Perotti, Zamora y Capitanich, respectivamente) y, sobre todo propuso e impulsó un plan rector de obras para esa zona. Hoy Nación no pone un peso ahí, como sucede en toda la provincia, que es, no obstante, campo y puertos mediante, la que le asegura los dólares que recibe, con devolución mínima.
El gobierno santafesino, aun sabiendo que no se puede hacer todo ni cubrir todo el territorio todo el tiempo, tiene –creo yo- otra idea respecto de la presencia del Estado. No gestiona sin el Estado o contra el Estado. Cree en el Estado como un factor equilibrador, un promotor y un coordinador de acciones.
El gobernador Pullaro estuvo al día siguiente de la lluvia torrencial en Villa Minetti. Y no se trata de los aportes que pueda hacer su gobierno (siempre faltará, especialmente en nuestro norte), sino del carácter simbólico que esa presencia tiene. Estar, no borrarse, enfrentar el problema.
En Vera, por ejemplo, la reflotada Corenosa comandó reclamos y enfrente estaban funcionarios del gobierno provincial tanto para recibir los primeros “sopapos”, como para coordinar y priorizar respuestas con los recursos que el Estado provincial tiene y pone a disposición.
Los reclamos, los pedidos de ayuda y hasta la desesperación se entienden: hay miles de cabeza de ganado allí, y las grandes lluvias generan desafíos enormes para mover (y no perder) hacienda. Son millones y millones de pesos en juego.

Queda un largo año por delante. Probablemente, si se consolida el Niño en marcha (algunos incluso aseguraron que será un Niño potenciado o extremo), deberemos batallar con lluvias intensas y con ríos y arroyos desbordados.
Se dice siempre, y es rigurosamente cierto, que pocos lugares en el mundo pueden soportar incólumes y sin ninguna consecuencia, lluvias de 200 o 300 milímetros en un día o menos, como pasó en muchas localidades de la provincia por estos días.
Esa cuestión, la presencia de un año “Niño” pone en alerta a todo el mundo: a los productores y habitantes de los sitios más castigados, en primer lugar. Y a las autoridades de todas las jurisdicciones, que deben estar alerta para la emergencia, y trabajar activamente para la gestión eficiente y correcta de los excesos hídricos. Estamos todos avisados.
Obras fundamentales para mitigar el riesgo hídrico
En el marco de las 100 localidades con mayor riesgo hídrico, la Provincia comunicó el estado de avance de obras e intervenciones en 70 de las localidades más vulnerables y nuevos proyectos en las 30 restantes.
Además, con el objetivo de mitigar el riesgo hídrico y aumentar la seguridad en los cascos urbanos, a través de una inversión que supera los 1.000 millones de pesos, el gobierno provincial realiza obras de protección en las localidades que sufrieron inundaciones durante 2025, como Vera, Malabrigo, Sanford, Cañada Rosquín, Teodelina, María Teresa, Christophersen, Godeken y La Chispa.

Desde el inicio de la gestión, la Provincia recuperó el funcionamiento de 35 estaciones telemétricas y se ejecutaron más de 260 obras hídricas. Del mismo modo, se intensificaron las tareas de limpieza y reacondicionamiento del sistema de canalizaciones, superando los 3.000 kilómetros intervenidos en articulación con comités de cuenca, municipios y comunas.
“Junto a la Secretaría de Protección Civil y Gestión de Riesgos, durante 2025 trabajamos en las 100 localidades con mayor riesgo hídrico con el objetivo de capacitar y brindar herramientas a intendentes y presidentes comunales para la implementación de protocolos de emergencia”, aseguró el secretario provincial de Recursos Hídricos, Nicolás Mijich.
Actualmente, la Secretaría de Recursos Hídricos intensificó las tareas de monitoreo y mediciones de los ríos y arroyos, desde comienzos de marzo, con el fin de anticiparse a posibles situaciones de riesgo hídrico. A su vez, avanza con la planificación y ejecución de limpieza de canales troncales en toda la provincia para potenciar la capacidad hidráulica del sistema.








