A 20 kilómetros de Tel Aviv, su nueva ciudad se llama Kfar Saba. Allí vive junto a su esposa Carolina Fink y sus hijas Liat y Noa. Sus padres, con 73 años, residen en Ashdod. "Nos vinimos todos hace tres años. Soy macabeo de corazón y tatengue. Jugué en Macabi muchos años al básquetbol y fútbol desde la infancia hasta llegar a Veteranos. Vivo leyendo las noticias de ustedes en el sitio de El Litoral, ni qué hablar deportes. El domingo, "sufrí" con el clásico", avisa. "Acá formamos la Filial Tatengue en Israel, somos más de 100 y estamos conectados. Lo que uno extraña, a la distancia, es la pasión, los nervios, la ansiedad y el calor de estar allá. Se sufre el doble, más en un clásico con Colón. Mi amigo, Alberto Malqui, es ultra del otro lado", cuenta Sebastián.