Quienes lidian con la crianza de un niño saben de qué se trata. En una economía fluctuante como la argentina a veces hay que hacer malabares para llegar a fin de mes y poder satisfacer las necesidades que un pequeño demanda en tiempos de alta inflación. Las dificultades se acrecientan aún más cuando el niño ingresa a la adolescencia, no hay padre que no haga referencia a las porciones abundantes de comida que un adolescente ingiere a partir de los 12 años y ni hablar de la vestimenta y el calzado, en tiempos donde se superan talles en cuestión de meses.


































