Llegamos a Przemysl (Polonia) en tren, desde Cracovia, luego de un viaje que tomó poco más de tres horas. Los vagones eran modernos, con sistema eléctrico de primer nivel y todo relativamente nuevo. En ese trajín conoció a Oksana y su esposo, Sergiy. Él la acompañaba hasta la frontera con Ucrania para que ella regresara a casa, en la capital. "Es hora de volver", dijeron. Él se quedaría en Polonia por motivos laborales. La oportunidad sirvió para intercambiar algunos mensajes y, con la ayuda del traductor, conocer un poco de su historia.


































