En ese mismo año, y a sólo días del escrito al que refiero, se moría uno de los mayores ídolos de los argentinos, Diego Armando Maradona; "el Diego" abandonaba su vida terrenal en un sorpresivo accidente médico, según constatarían después las investigaciones referidas a su muerte. Un Diego con el cuerpo arruinado y roto dejaba al mundo con apenas sesenta años cumplidos semanas antes. El mundo, una vez más, se rendía a los pies del más amado y odiado deportista del planeta, al más humano y mortal/inmortal de todos los dioses del deporte. Fue en esos días donde entre otras cosas, escribo en mi columna: "…Es que la democracia -de nada– también aquí tiene ese gustito a catástrofe preanunciada, los que entraron se quejan del tendal que le dejaron los que se fueron, los que se fueron se quejan del tendal que van a dejar los que entraron, y en esa "melange" de nombres renombrados, sin ponerse colorados la izquierda actúa (o no actúa) como la mejor de las derechas, las derechas se cantan ultra liberales y dibujan con membretes del siglo traspasado; los peronistas siguen siendo peronistas y van sumando "istas" en su continuo movimiento. Es que al argento promedio, más medio que pro, le encanta adjetivar el sustantivo, y a cada corriente política o movimiento político-cultural que de un momento a otro pasará a ser noticia (convirtiéndose como por arte de magia de un aguerrido orador en la estática y sonriente cara que nos mirará con amor fraternal desde ese afiche de papel) va a llevar el mote de quien conduce los destinos del mismo; se declararán a sí mismo lo que son, portarán banderas y estandartes que lucirán orgullosos y desafiantes ante la sociedad que los acaparará y, llegado el momento, se juntarán con otros "istas" para formar otra lista "ista" y terminarán haciendo lo de siempre -seguimos dando giros- como dijo Groucho Marx (marxista pero no de Karl Marx, el barbudo alemán): 'La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados'(…) Nuestra Argentina no sería tal si es que no tuviésemos una crisis de vez en cuando ¿vio? Es que estamos acostumbrados a alternar lo malo con lo peor, lo relativamente bueno con lo que parecía malo, y así sucesivamente, aunque sin importar el orden, aunque aquí los factores* sí alteran el producto interno ¡bruto!