A propuesta del entonces diputado Roberto Mirabella (PJ) y de la senadora Carolina Losada (UCR), el Congreso de la Nación declaró el 17 de septiembre pasado como "Héroe Nacional" al Brigadier General Estanislao López, "Patriarca del Federalismo Argentino" según la ley N° 27827, que quedó promulgada de hecho el 9 de octubre, sin que la firmara el presidente Javier Milei.
Estanislao López entre el elogio, la descalificación y el sarcasmo
La consagración legislativa abre una reflexión sobre cómo las disputas del siglo XIX y las visiones porteñas condicionaron la memoria del caudillo de Santa Fe. Detrás del consenso actual en torno a la figura santafesina subyace una historia de intensos debates, antiguos recelos políticos y postergados reconocimientos.

La norma reconoce "su accionar en defensa de los ideales federales y republicanos". Llama la atención la unanimidad del respaldo de los legisladores de ambas Cámaras, en una Argentina crispada por la aspereza de los debates políticos, y también la suma de voluntades que apoyaron la iniciativa, desde los ámbitos académicos, políticos y ciudadanos.

¿Esto se debe a un verdadero reconocimiento del caudillo santafesino fuera de Santa Fe, o a un enfriamiento de los viejos enconos, minimizados frente a la profundidad de las nuevas grietas? ¿Se relaciona esta declaración con los reclamos en defensa del federalismo dirigidos al poder central que se renuevan en el presente? Sea como fuera, la medida no ha merecido críticas.
Por el contrario, las expresiones de beneplácito han sido abundantes y calificadas, lo que no es el caso de otro caudillo de indudable peso, como fue Bernabé Aráoz de Tucumán, cuya declaratoria cuenta con media sanción del Senado, pero despertó el rechazo de historiadores e instituciones de Salta y Santiago del Estero, que consideraron que la política de aquel atentó contra la autonomía de esas provincias.
Ante esta sugestiva unanimidad de nuestros días, lentamente alcanzada a partir del constante trabajo de décadas de estudio y divulgación, conviene recordar la forma en que López fue tratado por sus contemporáneos, ya fueran aliados o contrincantes, y el olvido al que fue condenado por la "historia oficial" por estar asociada su memoria a las reacciones antiporteñas del litoral y a la "época de Rosas".
El juicio de Mitre
La apología de la modernidad expuesta en el "Facundo" de Sarmiento (1845) movió al liberalismo de Buenos Aires, y de ciertas elites del interior, a colocar a algunas figuras del lado de la "civilización" y a los caudillos del lado de la "barbarie".
Bartolomé Mitre expone tal discriminación en su Introducción a la "Galería de celebridades argentinas" de 1857, en plena secesión de Buenos Aires. Sostiene que la historia rioplatense habría producido dos tipos de hombres notables:
(...) los que se hicieron célebres "por sus servicios, sus virtudes o sus trabajos intelectuales" (José de San Martín, Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Bernardino Rivadavia, Bernardo de Monteagudo, entre otros que constituían el panteón de los grandes hombres de la Nación Argentina) y "los representantes de las tendencias dominadoras de la barbarie".
Entre estas enumera la figura de López, "levantando las lanzas sangrientas y proclamando entre el pillaje y la matanza los principios de Washington, que deshonraba".
Si bien es cierto que en su "Historia de Belgrano", Mitre nos ofrece un sólido estudio histórico, madurado en su tercera edición (1883), en el que la figura de López no deja de ser valorada en tanto hizo de Santa Fe un "baluarte de la República", aquella primaria clasificación binaria de celebridades quedó incorporada a la memoria histórica y reflejada en los manuales, en la nomenclatura de las ciudades y en la prensa.
Aflora en debates como el sostenido entre Carlos Aldao y José Luis Busaniche en los años veinte, y todavía estuvo presente en algunos escritos de Wladimir Mikielievich en los sesenta, ambos en nuestra provincia.
"Héroe" y "campeón"
En 1822, finalizada la "guerra de los siete años" que sostuvo Santa Fe desde 1815 en defensa de su autonomía, López recibió una lujosa espada obsequiada por el Cabildo de Buenos Aires y la Legislatura santafesina le otorgó el grado de Brigadier General y una medalla de oro orlada de diamantes con la leyenda "La provincia grata al héroe Estanislao, siempre victorioso en su defensa".

En 1835 la misma Sala de Representantes le dirige a López nuevos reconocimientos, entre ellos la declaración de "Ciudadano benemérito en grado heroico" junto al título de "Restaurador del Norte".
También se le distingue con otra medalla de oro en la que se grabaron las armas de la provincia y la inscripción "La provincia de Santa Fe al Restaurador del Norte", a lo que se sumaba "una suerte de estancia de tres leguas de frente y cuatro de fondo, dejando a su elección el lugar".
La expresión de "héroe" dirigida a su persona era común entre quienes interactuaron con Estanislao López, como es el caso de Manuel López, gobernador de Córdoba, quien en correspondencia con sus pares del Noroeste informaba sobre la salud del santafesino en 1837 a quien menciona como el "héroe e ilustre campeón de la Nación Argentina".
Juan Manuel de Rosas, por su parte, en combinación con Pascual Echagüe, gobernador de Santa Fe, manda a confeccionar en 1846 una gran placa de mármol para cubrir la tumba de López en el convento de San Francisco de Santa Fe en la que lo define como "Esclarecido guerrero de la libertad y héroe glorioso de la Confederación".
El sarcasmo de Quiroga
Como es sabido López y Facundo Quiroga no simpatizaban. Junto a Rosas conformaron una especie de "tercer triunvirato" que definió los destinos de la Confederación a principios de la década de 1830, cuando enfrentaron a la Liga del Interior liderada por el general José María Paz, y dieron las bases de la organización futura de la República en el Pacto Federal firmado en Santa Fe.
Pero Quiroga reprochaba a López y a Rosas que no lo habían asistido en la primera etapa de la guerra cuando fue vencido por Paz en La Tablada y Oncativo, y que luego de la captura de Paz y de la toma de Córdoba, lo dejaran solo hasta concluir la guerra en La Ciudadela. Para completar su enojo, acusaba a López de haber retenido uno de sus caballos en las confusas circunstancias de la guerra.
"Si yo tuviera la sangre tan helada como la nieve de la cordillera de los Andes, tal vez permaneciera unido al hombre de Santa Fe, pero como por desgracia Dios me dio un genio incapaz de tolerar acciones viles y bajas, no podré jamás hacer liga con el Gigante de los Santafesinos", escribía Quiroga en carta a Rosas del 26 de diciembre de 1831, a la que Rosas respondió en defensa de López en tono conciliador.
"Patriarca de la Federación"
Todo parece indicar que la expresión "Patriarca de la Federación", a la que alude la Ley que declara a López "héroe nacional", no surgió en el ámbito del partido federal ni entre sus comprovincianos.
Por eso cobra relevancia lo que señala Ramón J. Lassaga en su "Historia de López", de 1881, cuando anota que el primero que se refirió en esos términos a Estanislao López fue el unitario José Rivera Indarte en su libro "Rosas y sus opositores", de 1845. El acérrimo enemigo de Rosas concibió este libro como texto combativo.
Sostiene que Rosas, en junio de 1838, habría instado a Domingo Cullen, ministro y concuñado de López que actuaba como mediador entre los bloqueadores franceses y el gobierno de Buenos Aires a nombre del de Santa Fe, a "que fuese nada menos que sucesor del ilustre patriarca de la federación Argentina", ni bien fue conocida en Buenos Aires la noticia del fallecimiento del Brigadier.
Aquí la expresión es acompañada de la palabra "ilustre", pero no deja de ser un simple calificativo dicho al pasar en una frase que tiene que ver más con Cullen que con López. Nunca escuchó Estanislao López que alguien se refiriera a él como "Patriarca de la Federación". Nadie lo hizo en su época. Recién Rivera Indarte en 1845 usó como al pasar ese calificativo en su libro contra Rosas.
Nadie volvió a repetirlo hasta que el joven Lassaga lo rescató del olvido en su "Vida de López" de 1881 y, poco a poco, muy gradualmente, se fue imponiendo hasta ser, en los últimos cien años, el principal título con que se le distingue y que recoge la Ley que lo consagra como héroe de los argentinos.
Contenidos producidos para El Litoral desde la Junta Provincial de Estudios Históricos.












