Hacia 1724 la ciudad de Santa Fe venía soportando más de diez años de ataques de abipones y mocovíes, encontrándose en peligro de desaparecer. El gobernador Bruno Mauricio de Zabala contaba con precisas instrucciones para protegerla, dadas en Madrid en enero de 1717, pero la multiplicidad de problemas que se presentaron en su jurisdicción dificultaron su cumplimiento.
El socorro del rey a una ciudad lejana (1726)
Santa Fe enfrentó ataques indígenas durante una década, poniendo en riesgo su existencia. El gobernador Zabala intentó protegerla, pero los impuestos impidieron su éxito.

No obstante lo anterior, impuso unos impuestos a los frutos del Paraguay para el sostén de una tropa de caballería y mantuvo en Santa Fe destacamentos del fuerte de Buenos Aires. Los impuestos, aprobados solo en la mitad por orden del virrey del Perú, fueron muy perjudiciales para el comercio y resultaron derogados por el rey en 1722, a pedido de Asunción y de la propia Santa Fe.
Misión de Fuentes del Arco a Madrid
No era Santa Fe en las primeras décadas del siglo XVIII el ámbito apropiado para producir intelectuales, y aunque don Antonio Fuentes del Arco y Godoy había obtenido en Córdoba su magisterio en Artes, los sobresaltos de la defensa contra el indio lo hicieron soldado, cabildante y hasta procurador ante el rey.
De sus dotes literarias conocemos sus barrocas loas a Felipe V, inspiradas en el alivio que en 1717 significó para la ciudad la abolición del cobro de la sisa que se había impuesto para la edificación del fuerte de Buenos Aires.
A su actuación en Madrid ya me referí en un artículo aparecido en El Litoral en septiembre de 1981, y vuelvo ahora sobre el tema en el tricentenario de la Real Cédula que se expidió como resultado de aquellas gestiones. En mayo de 1724 el Cabildo de Santa Fe resolvió enviar a España a un procurador.
Fuentes del Arco había ofrecido viajar a su costa por lo que se consideró que se superaba la prohibición que existía sobre tales presentaciones. En septiembre, se le extendían los poderes pertinentes por ser, según se anotó "persona de las primeras en sangre, méritos y celo" y "hallarse con dinero en los Reinos de España de sus mayorazgos".
Fuentes del Arco estaba en Madrid a fines de 1725. Poco después de su llegada, presentó un escrito al Supremo Consejo de Indias y una carta del Cabildo. Se pedía para Santa Fe una dotación de 200 hombres, preferentemente españoles peninsulares, los que patrullarían la línea entre el Salado y Cayastá, punto en el que se construiría un fuerte.
Todos los gastos deberían ser afrontados por la Real Hacienda, incluyendo los equipos y uniformes, más la paga de por lo menos ocho pesos mensuales a cada soldado.
Hacía referencia el procurador, en primer lugar, al antiguo brillo de Santa Fe, para pasar a describir las estrecheces propias de una plaza asediada, que no eran otras las que debía soportar, reducida a su trazado de apenas veinte manzanas.
De perderse la ciudad, señalaba Fuentes del Arco, desaparecería su puerto, que era el de todo el comercio del Paraguay y las Misiones, y quedaría interrumpido el tráfico con el Perú.
¿Hasta qué punto peligraría la obra evangélica de jesuitas y franciscanos en sus pueblos de indios y en qué medida podrían llegar a atrasarse las minas peruanas? Todo el territorio hasta Buenos Aires sería dominio del enemigo.
Informes adversos del gobernador Zabala
La misión de Fuentes del Arco debería superar un escollo poderoso al comprometer intereses de la Real Hacienda. El Consejo contaba con distintas comunicaciones de Zavala producidas desde 1718 y en ellas figuraban los impuestos al tráfico paraguayo a los que se había recurrido para sostener la defensa de Santa Fe.
El fiscal aconsejó en febrero de 1726 que, siendo tan gravosos a las reales cajas los medios propuestos por los santafesinos y su procurador, era preferible volver a aplicar aquellos impuestos. Agregaba que, pareciendo en regla los poderes de Fuentes del Arco, no constaba que hubiera logrado licencia para pasar a España, lo que se podía disimular por lo urgente de su cometido.
El Consejo se hizo eco de la opinión del fiscal y el Rey se conformó con este criterio, anotando que tenía ordenado pasaran a Buenos Aires cuatrocientos soldados a los que se podría recurrir en auxilio de Santa Fe.
Así fue como se despachó la Real Cédula del 18 de agosto de 1726 que ordenaba la construcción de un fuerte en Cayastá, pero recurriendo al producto de los nuevos impuestos y con dotación del fuerte de Buenos Aires.
En diciembre, Fuentes del Arco calificaba como impracticables y perjudiciales a las medidas tomadas. Recordaba que los arbitrios aprobados en 1718 no produjeron lo imprescindible para la construcción de un fuerte y el mantenimiento de un centenar de soldados, en una época en que el comercio era más intenso.
Propuesta de un segundo traslado de la ciudad
Pero los argumentos del procurador santafesino encontrarían un nuevo obstáculo en la correspondencia del gobernador Zabala. Junto con su escrito llegó a manos del fiscal una carta de este de octubre de 1725.
En ella exponía las medidas tomadas para defender a Santa Fe desde que asumiera el mando, haciendo notar que no hallaba en sus vecinos esfuerzo suficiente por su desunión y propensión a continuas quimeras.
Se valió el fiscal de esas expresiones para recomendar que no se hiciera lugar a las protestas de Fuentes del Arco, aun cuando reconoció la gravedad del estado de Santa Fe y la necesidad de conservar su conveniente posición geográfica, por lo que no aconsejaba un nuevo traslado. El 14 de enero de 1727 se ratificó lo dispuesto el 18 de agosto del año anterior.
Cada mes de 1725 fue para Santa Fe especialmente dramático. A punto estuvo de dispersarse su población cada vez más menguada. La idea del traslado estaba en el ambiente y los pedidos de auxilio al gobernador eran constantes, en momentos en que la candente situación política paraguaya (levantamientos comuneros) había requerido su personal intervención.
Ecos de todo esto llegaron a España en 1727. En carta de 18 de marzo Zabala planteaba la necesidad de trasladar la ciudad 25 leguas al Sur, donde se hallaría más libre de enemigos e inmediata al río, para comodidad de su puerto.
Consideró el Consejo que ya debían conocerse en Buenos Aires las medidas tomadas en agosto de 1726, y que comenzándose a ejecutarlas se iniciaría la pacificación de la jurisdicción santafesina.
En septiembre fue Fuentes del Arco quien alertó sobre noticias que tenía de que los ataques indígenas eran cada vez más contundentes contra su ciudad, pero se consideró que recién se comenzarían a practicar las providencias tomadas, por lo que habría que esperar sus resultados.
Se equivocaba el Consejo. En julio de 1728 se abrieron en la Audiencia de Charcas unos cajones llegados de España, en los que se encontraron, con las cubiertas raídas y casi ilegibles, varios pliegos. Figuraba entre ellos la Real Cédula del 18 de agosto de 1826 con las urgentes medidas para el resguardo de Santa Fe.
Fue conocida por Zabala en enero de 1729, mes en que dio instrucciones para su cumplimiento, siendo recibida en Santa Fe con total desencanto. La misión Fuentes del Arco resultó contraproducente para los intereses de su representada.
El auxilio del rey no llegó cuando era más necesario y los nuevos impuestos aceleraron la transferencia del comercio paraguayo a Buenos Aires, sin que llegaran a producir lo necesario para el mantenimiento de una tropa respetable.
La Real Cédula de 1726 disparó el debate sobre la obligatoriedad de concurrir a Santa Fe para pagar el impuesto, cosa que fue negada por Asunción y Buenos Aires, aunque admitida por la Real Audiencia de Charcas en 1739 y ratificada por la Corona en 1743, con lo que se ratificaba la condición de "puerto preciso" para Santa Fe.
El distinguido procurador murió en Córdoba de Andalucía en 1731 en forma violenta. Había cantado loas al rey Felipe V en 1717 por la revocación de un oneroso impuesto y, sin proponérselo, había contribuido a crear otro más controversial.
Contenidos producidos para El Litoral desde la Junta Provincial de Estudios Históricos.
















