La primera sensación que tuve al leer "Bicho sin dueño" (*), el flamante libro de poemas de Leonardo Pez, fue la de hallarme ante un libro millennial. No intento, con esta afirmación darle entidad a una categoría literaria específica (acaso inexistente); sólo pretendo señalar que, al recorrer sus páginas, sentí cierto perfume existencial propio de alguien perteneciente a esa generación, sentí que estaba frente a las percepciones y al universo de alguien que mira y pinta la década del 20 desde su condición de joven- no tan joven. Es decir, me encontré con una poética lo suficientemente joven como para seguir siendo fresca y descontracturada, pero no tan joven como para detectar en ella rasgos de inexperiencia.



































