Anteanoche tuve un sueño raro.
IX. ¿Soñador lúcido o viajero astral?
Un hombre sueña con eventos inexplicables que luego se reflejan en la realidad, impulsándolo a viajar para descubrir la verdad detrás de las visiones.

Soñé con un grupo de niños de una escuela primaria de Culross (una ciudad de Escocia que alguna vez visité), que rompían en llantos y gritos desgarradores al entrar en una antigua sala del Castillo Trim. Cinco de esos niños no paraban de gritar, pese a los reiterados intentos de los docentes, que optaban por sacarlos del lugar y llevarlos al autobús estacionado a buena distancia.
Cuando se tranquilizaron, uno de ellos, el más grandecito, que no tenía más de 6 o 7 años, le dijo a los docentes que había estado en ese lugar hacía mucho tiempo y que había sido castigado largos días por unos hombres vestidos de negro. Identificó a uno de ellos, el peor: era calvo y le faltaba un brazo.
Nombraban a coro a un tal Larry Hoster. Al escuchar los otros niños asintieron el relato. Volvieron a temblar y llorar sin parar. Inútil resultaban los intentos de los mayores presentes para calmarlos...
En otro momento de mi extrañísimo sueño, los médicos de terapia de un antiguo hospital de Lima, en Perú, todos ellos con rostros compungidos, se reunían con periodista de medios extranjeros para exponer el caso de un matrimonio, enfermos en coma terminal, internados desde hace semanas luego de un accidente de tránsito en las montañas.
Uno de los médicos narró el caso: ambos pacientes comenzaron a emitir una luz brillante de color entre celeste y verdoso. Sus imágenes, mucho más lozanas, se proyectaban en la sala y desde ahí comenzaron un dialogo con las enfermeras de turno.
En mi sueño, pude observar a los "fantasmas" del matrimonio en coma conversando con las enfermeras, que no paraban de llorar de la emoción. Preguntaba por su estado y pedían que acerque sus camas y le permitan tomarse de la mano para partir juntos. Las enfermeras, ignorando los protocolos, lo hicieron. Inmediatamente presenciaron sus muertes.
Creo que en ese momento un ruido externo hizo que me despierte, lo conseguí a medias. Me impuse recordar todo lo soñado para poder escribirlo. Pero el cansancio me venció y volví a dormirme.
Soñé que participaba de un multitudinario encuentro de profesionales en la ciudad de Mendoza, en mí país, y que en un momento aparecía en el escenario un viejo psicólogo que, según comentaban, había fallecido hacía más de cinco años. Cuando comenzó a hablar desde el estrado, obviamente, captó la atención de todos. Sin tapujos habló de la muerte y del maravilloso viaje que hizo al momento de fallecer.
Contó un emotivo encuentro con familiares muertos y ciertas charlas mantenidas con Carl Gustav Jung. Algunos pocos rezaban y se persignaban; otros le pedían que se vaya y vuelva al lugar donde pertenecía, pero la mayoría aplaudía, tomaba nota e incluso sacaban fotos con el celular. Alguien, compungido, subió al estrado para intentar tocarlo…
¡Desperté! Ahora sí, definitivamente desperté y me puse a escribir lo más detallado que pude de mí sueño. Ayer pedí ausentarme del trabajo y pasé el día repensando los fantásticos hechos soñados. Antes de dormir retoqué buena parte de lo escrito ignorando que lo más raro estaba por suceder…
Hoy amanecí con la idea de normalizar mi vida. Fui al baño, me vestí, preparé el desayuno y prendí la televisión para informarme del clima y el tránsito. El noticiero estaba convulsionado, carteles de "Urgente" y "Último momento" embardunaban la pantalla con colores relampagueantes y música áspera como de película de Bela Lugosi.
Un corresponsal desde Escocia, en los parques aledaños al Castillo Trim, entrevistaba a un historiador inglés sobre lo cierto de que ahí se torturaba, y preguntaba puntualmente sobre las personas que los niños habían mencionado cuando recordaron esos hechos de los que todos hablan.
El inglés asentía con la cabeza, agregaba que era común en esos tiempos que los carceleros vistieran de negro, que no había registro del manco que se mencionaba en el relato de los niños, pero que sí, la historia registraba a un tal Larry Hoster que en 1348 lideró una revuelta para liberar a su familia capturada por negarse a arriar la bandera familiar de un villorrio cercano.
El conductor del noticiero de las 7 volvía al informe de las rutas y conectaba con Mendoza, donde un psicólogo de renombre había sido testigo de un escándalo en el Quinto Congreso de Psicoanálisis, donde se decía que había irrumpido un fantasma que atemorizó a la concurrencia.
El doctor Martínez Araujo narraba, en vos muy baja, casi inentendible, lo vivido, y recordó que él y varios de los presentes habían conocido en vida a Claudio Hawkins, un psicólogo estadounidense radicado en nuestro país, obsesionado con las terapias de vidas pasada, fallecido hace más de cinco años.
La joven co-conductora del noticiero, evidentemente mucho más afectada o sorprendida que su compañero, insistió para sacar en simultaneo al cronista inglés, al doctor argentino y a un grupo de enfermeras del Hospital Central de Lima, Perú, que habían tenido una experiencia impresionante los últimos días.
Si me preguntan, pienso que se trató de una señal. Arcana, misteriosa, personal. Mañana viajaré a Mendoza, posiblemente después a Lima y quizás a Escocia, necesito saber más, necesito volver a verla, volver a estar con ella…Tuve una pérdida muy, muy dolorosa hace unos meses y ahora estoy seguro de que podría comunicarme.
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