Nuestra cultura se sostiene en una idea de progreso, entendido como el resultado necesario de un esfuerzo colectivo orientado por los ideales morales vigentes. En dicho movimiento ascendente, los revisionismos cumplen la función de argumentar por qué han caído en desuso aquellas teorías, prácticas y costumbres, que alguna vez formaron parte de la vida cotidiana. En otras palabras, los tiempos cambian y también la sensibilidad de los sujetos, quienes en adelante se horrorizan ante la barbarie de un pasado no tan distante. Ya no estamos en eso, parecen decir, lo cual nunca es suficiente para ahorrarnos la pregunta por nuestras propias locuras normalizadas.



































