El origen no fue la ciudad, quizás por eso no hallo las respuestas que necesito ni en las luces de las avenidas, ni en las esquinas oxidadas, ni en las plazas donde las palomas se reúnen para revolotear tras las migas que dejan los transeúntes. Los ruidos de los motores, la radio de fondo, el murmullo de la gente que va y viene por las aceras no logran mitigar esas voces que me invaden, no consiguen distraer mis pensamientos que se alargan, electrizan, rebotan contra las cavidades explorando definiciones, gestos, indicios de eso que tanto cuesta expresar. La última vez que lo vi, le pregunté que sentía por mí y noté la duda en su silencio.


































