En ese camino, serán infinitas las situaciones donde las exigencias dadas durante cuatro años por profesores, oficiales instructores y autoridades civiles y militares quedarán expuestas a través del accionar de los cadetes y oficiales del Ejército. Desde la pulcritud de su uniforme, hasta el orden de su espacio de trabajo. Desde la organización de las tareas y el camino para lograr distintos objetivos de día a día, hasta la planificación de una campaña sanitaria o humanitaria a lo largo y ancho de todo el territorio nacional. Desde una postura impoluta, parado en un transporte público, hasta la fortaleza física y emocional de conducir una sección de tanques dispuesta a todo para defender los intereses vitales de la Nación. Desde compartir el pan, espalda con espalda, en el frío terreno, hasta entregar un plato de comida caliente en aquellos lugares donde el Estado tiene dificultades para llegar a los más vulnerables. Desde el sudor, aplacado por la disciplina del orden cerrado, en extensas formaciones al rayo del sol, hasta el cara a cara con las llamas de feroces incendios en nuestros límites o países vecinos. Desde el espíritu de cuerpo en lo cotidiano de la sección o la subunidad, hasta el brazo tendido con el agua al cuello cuando otro argentino peligra en una inundación.